Gergen, K. (1992): La saturación social y La colonización del yo, en el Yo saturado, Barcelona, Paidós, Contextos, 75-114.

SATURACIÓN SOCIAL.

Hoy día es tan común, que pasa desapercibido para nosotros, el hecho de que cada vez nos encontramos más expuestos a las opiniones, valoraciones y estilos de vida de los demás, no importa si es conocido o desconocido, puesto que basta con un click o una llamada para localizar a alguien, saber de su vida y ponernos en contacto, sin importar qué tan lejos o cerca de nosotros pueda estar geográficamente, esto por supuesto supone un cambio social profundo, ya que gracias a las nuevas tecnologías hay una multiplicación en nuestras relaciones sociales tanto en cantidad, como en variedad e intensidad.

Estas tecnologías pueden ser de alto o bajo nivel. En el caso de esta última podemos ver siete procesos superpuestos, el primero de ellos es el ferrocarril el cual permitió a un gran número de personas cruzar largas distancias en menos tiempo y  con el menor esfuerzo, esto sigue siendo así aun en sus versiones más contemporáneas como lo es el metro; el segundo es el servicio postal público, el cual dio paso a la comunicación también a grandes distancias; el automóvil es el tercero, este permitió llegar a los lugares que se encuentran alejados de  aquellos espacios públicos determinados como puntos de encuentro o de llegada, aunque actualmente su uso ha pasado a la dependencia y la congestión vial; el teléfono el cual facilito aún más la comunicación entre las personas y a su vez modificó las formas de hablar; la radiodifusión, quien puede penetrar en casi cualquier lugar alterando su curso normal, para después convertirse en un fenómeno de audio personal; el cinematógrafo y por último el libro impreso que se encarga de difundir estilos de vida, valores e ideas a lo largo y ancho del planeta. Todas y cada una de estas tecnologías han ido cambiando nuestras relaciones, convirtiéndolas cada vez en más estrechas, tanto entre personas como entre culturas, puesto que es más fácil seducirse unas a otras, fenómeno que nunca hubiese podido darse sin la aparición de estas tecnologías.

Pero estos siete productos tecnológicos no fueron más que el comienzo, ya que después de ellos llegaron las tecnologías de alto nivel entre las cuales está el avión, el cual ha modificado de tal manera nuestra vida cotidiana que viajar de un extremo del planeta a otro no solo puede hacerse en unas horas, sino que es una práctica cotidiana y para algunos hasta de rutina; las cintas de vídeo por otro lado permitieron ir a esos lugares a los que se puede asistir en avión, pero sin salir de casa, en este caso la T.V. potencializo en sobremanera lo ya iniciado por la radiofonía y el cine, la multiplicación del yo, es decir, la capacidad de estar presente en varios lugares a la vez de forma significativa, esto debido a que nuestra lista de interlocutores se expandió de una manera rápida y descomunal, ya que las barreras del tiempo y del espacio fueron superadas al poder manifestarnos en revistas, cine, libros, radio, los cuales no solo tienen un gran alcance territorial, sino también temporal, puesto que pueden volver a ser leídos, visto o escuchados aun después de la muerte, por lo que somos influyentes e influidos por diversas personas, a veces pertenecientes a una cultura distinta a la nuestra, con quienes nos sentimos tan identificados que se produce un sentimiento de conexión social, teniendo así sentimientos de amor, compasión o simpatía hacia aquellas personas, lo cual nos lleva a adoptar las actitudes, ideas y conductas de aquel con quien nos identificamos, aun sin haber de por medio un intercambio o reciprocidad, una relación cara a cara, ya que en muchas ocasiones esa persona resulta ser más bien un personaje. Resultan tan poderosas estas tecnologías que la realidad que ellas presentan, comúnmente, termina siendo más imperiosa que la vivida, a tal grado que la persona puede ser sepultada el personajes que representa. Y es así como hemos llegado al punto en el que si no grabamos los acontecimientos, sino fotografiamos los momentos dejan der ser reales, no el sentido de existencia sino en el de legitimidad.

Las innovaciones electrónicas tales como la computadora no solo han permitido mayor velocidad en cuanto a comunicación, sino que se han convertido en una parte importante en la vida académica, lúdica y laboral de las personas, las empresas e incluso las naciones, por lo que se han transformado a la vez en un agente directo de la multiplicación del yo. Con la llega del correo electrónico también vinieron los diálogos por computadora, ya sea únicamente a través de textos o en forma de video llamadas, en los cuales podemos encontrar no solo conversaciones entre personas conocidas que se encuentran separadas, sino también entre desconocidos, entre culturas y en cualquier momento desde cualquier lugar, se puede compartir con el resto del mundo en general o con alguien en específico desde un estado de ánimo, las fotos de las vacaciones, un documento importante hasta el último bestseller a gran velocidad y con un costo bastante accesible, siendo entonces la producción prácticamente casera y la difusión casi por completo, universal. Aunado a esto encontramos que ahora no solo podemos recibir casi cualquier cosa, sino que podemos decidir qué elegir de todo lo que hay disponible.

Es así que vivir en el mundo contemporáneo puede dejarnos la sensación de estar en un mar turbulento de relaciones sociales, donde los cambios pueden convertirse en transformaciones a una gran velocidad, cuando antes la gente estaba acostumbrada a una gran estabilidad, por lo que ahora la comunidad inmediata que nos rodea ya no es ni por asomo la única con la que tenemos una relación social. Gergen nos habla de dos aspectos importantes dentro de esta expansión, el primero es la perseverancia del pasado, es decir, el fácil acceso que tenemos a aquello que lo conforma, a la necesidad de no perder contacto con excompañeros, exparejas, exjefes, que pudieron ser importantes para nosotros, a la gran cantidad de fotografías que guardamos acerca de eventos o lugares en los que se estuvo, y el segundo, la aceleración del futuro, ya que procesos que comúnmente duraban meses ahora pueden ocurrir en una semana, tal es el caso de las relaciones de pareja y las amistades, pasando a ser amantes amigables o a tener relaciones microondas, donde basta con preguntarse el nombre para conocerse y salir un par de veces para aburrirse, sin embargo este aumento de velocidad viene acompañado de un aumento en la intensidad, siendo relaciones muy cortas, pero también en ocasiones con un nivel de emocionalidad mayor, por lo que se viven como auténticas aventuras donde todo se vale y nadie podrá enterarse, por lo que las pautas de las relaciones también se ven alteradas, tal es el caso de la familia tradicional, la cual está en vías de ser un mito, con todos sus miembros desperdigados por el trabajo, la escuela, la guardería, los viajes con los amigos o de negocios. Y es que si viene siendo cierto que todas estas tecnologías han traído muchos beneficios, también se han creado otro tipo de problemáticas, ya que ninguna forma de comunicación que no sea cara a cara, puede brindar información tan necesaria como el tono de voz, las reacciones de nuestro interlocutor, sus gestos, su postura corporal, por lo que nos vemos obligados a imaginarnos a quien está del otro lado, minimizando el contacto al máximo con los demás. Tal como si fuese un círculo vicioso, con este nuevo número considerablemente mayor de relaciones,  las herramientas electrónicas pasan a ser indispensables para su sostenimiento.

Como parte de este proceso de saturación social podemos encontrarnos con una colonización del yo, es decir, ante las múltiples adquisiciones y posibilidades de ser, comenzamos a caer en contradicciones con nosotros mismos, a tener cambios repentinos en aquello que creímos que nos definía, debido a la gran exposición a diversos estilos de vida, de vestimenta, de alimentación e incluso de pensamiento, ya que constantemente va en aumento nuestro repertorio acerca de cualquier cosa, siendo así este aumento además masivo, es por esto que sin saber exactamente cómo paso, todos sabemos qué usar, decir, hacer inclusive pensar en determinadas situaciones, tan es así que conforme avanza el proceso de saturación social, nos vamos convirtiendo en copias, y además en mezclas, entre todos esos yoes que podemos ser. En el caso del pensamiento podemos encontrarnos que ya no es un diálogo entre nosotros sino entre aquellos de quienes hemos aprendido algo o que vemos como un modelo a seguir, pueden ser desde amigos, familiares, desconocidos o gente famosa, dándoles no solo voz sino también una opinión de grados diferentes, es decir, unos más importantes y relevantes que otros, para nosotros. Es por esto que en la vida contemporánea la contradicción no solo es posible sino que también es esencial ante las demandas actuales, por lo que estos conflictos internos son cada vez más frecuentes.

La multifrenia, viene siendo el resultado de esta colonización del yo, y hace referencia a la sensación de vértigo que nos produce la multiplicidad, el afán de sacar el mayor provecho posible de aquello que nos ofrecen las tecnologías, sentimiento que va en aumento cuando también crecen nuestras posibilidades debido a las tecnologías, recurriendo así más a ellas, convirtiéndose en otro círculo vicioso. Junto con la ruptura de las cadenas del espacio y el tiempo vino la instauración de unas nuevas, las del deseo, las cuales constantemente se hacen presentes con los “debo”, “quiero”, “necesito”, ya que cada uno va acompañado de sus propias demandas, y es a esta multiplicación a la que se hace referencia, a la multiplicación de los “debo”. Pero esta expansión del yo por medio de las relaciones no es la única responsable de dicha multiplicación, sino también está en juego la sensación de insuficiencia, ya que con todas esas normas de relaciones nuevas, de voces dentro de nuestra cabeza no solo adquirimos la noción de lo que es apropiado e incorrecto en ciertas situaciones, sino que también en qué habilidades y capacidades son las que nos prometen un éxito en los “quiero”. Otro elemento dentro de la multifrenia es la racionalidad aprendida de otras, es decir, la internalización de lo que los otros dicen que es racional, pero no cualquier otro sino aquellos que conforman las voces en nuestra cabeza, y que por ende forman parte del grupo social con el que nos sentimos identificados, pero eso que parece racional puede ser completamente lo contrario para alguien más, por lo que a medida que se incrementan nuestras relaciones la validez de lo que creemos racional comienza a tambalearse y a ser más difícil nuestro posicionamiento respecto a ello, pero también es cierto que conforme nos relacionamos con más personas con diferentes puntos de vista, de diferentes culturas, de diversas partes del mundo, también aumenta la capacidad de discernimiento, siendo posible la contemplación de otros aspectos.

Es así como esta proliferación en las relaciones, donde se ve reemplazada la calidad por la cantidad,  nos orilla a una nueva conciencia de nosotros mismos debido a que las tecnologías de saturación social, suprimen el yo individual a través de la invasión de estas a la vida cotidiana, convirtiéndonos en un reflejo de nuestro ambiente social topándonos así con la colonización del yo, lo cual a la larga nos lleva a una multifrenia.

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Un pensamiento en “Gergen, K. (1992): La saturación social y La colonización del yo, en el Yo saturado, Barcelona, Paidós, Contextos, 75-114.

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