Enfermar como negocio

La Medicina sin lugar a dudas ha tenido un papel importante en la historia de la humanidad, se ha ganado su lugar gracias a que interviene en momentos clave, una epidemia o desastre natural. Gracias a sus intervenciones e invenciones como la penicilina se han salvado millones de personas. La principal preocupación de los médicos es mantener a sus pacientes con el mejor estado de salud posible y preservar la vida, pero ¿Qué pasa si sus pacientes no están, ni se consideran enfermos y por lo tanto asisten poco a consulta? Es cuando diversas empresas entran en escena para ayudar a nuestros médicos.

A esta disciplina le debemos mucho, el reconocimiento que tiene un médico dentro de la sociedad es muy grande, por lo que los juicios, opiniones y diagnósticos dados por este grupo son en general poco cuestionados y, las compañías farmacéuticas lo saben muy bien. Entonces, ¿Por qué  cuestionar a un profesional y la efectividad del medicamento que anuncia en un comercial, si seguramente ha sido entrenado por más de 5 años en hacer bien su trabajo?

Esta estrategia la podemos observar con facilidad al encender nuestro televisor en hora estelar, donde podemos encontrarnos con Lolita Ayala y su Información que cura y sus Consecuencias de la desidia, donde no nos dice marcas pero nos da “santo y seña” de los agentes químicos que se encargan de acabar con los síntomas de alguna enfermedad, para de manera inmediata casi milagrosa presentar el medicamento que casualmente  contiene los mismos agentes mencionados en el comercial anterior, corte tras corte se nos presentan medicamentos para lo que parecen ser enfermedades, ya que si bien no se niega la existencia de estas, habría que preguntarnos cuándo estamos frente a uno y cuándo no, y esto lo podemos observar en el desfile televisivo donde vemos pasar desde las cremas antienvejecimiento hasta los ya clásicos producto milagro para bajar de peso. Por lo que pareciera que ya no se permite envejecer, sentirse cansado, subir de peso, estar distraído o sentir cualquier otro tipo de malestar, los cuales si lo pensamos un poco, en más de una ocasión solo hace referencia al desgate natural del cuerpo por la edad o por una jornada larga de trabajo, “la medicina moderna hace creer a las personas que la naturaleza los golpea constantemente con nuevas enfermedades que solo pueden ser curadas por médicos” (Blech, 2003)

Si se logra convencer a las personas que tienen una enfermedad estas entraran en pánico buscando una cura, la cual deba ser de fácil acceso y con resultados inmediatos, se busca una píldora milagrosa o que el médico mueva su bisturí cual barita mágica y que el mal desaparezca. La ansiedad por no morir o envejecer es tanta que el precio no parece ser un problema, nadie quiere tener cicatrices, ser feo, gordo o ser víctima de alguna adicción. Una vez que nos hemos creído que alguna actividad como fumar es malo para la salud pocos se atreven a mantener control en su consumo, en su lugar se buscan parches, chicles o cualquier otro método que requiera poco esfuerzo pero con soluciones inmediatas.

Si bien, estamos siendo “atacados” por este sistema, los clientes del mismo también son responsables de que siga funcionando. Al no cuestionar la funcionalidad del producto ofrecido, al no preguntar si de verdad necesitamos esos medicamentos estaremos ayudando a que la salud sea un producto. Esto nos puede llevar fácilmente a una paranoia y creer que todo lo que nos dice un médico es mentira, pero para evitar esto podemos observar el producto que nos ofrecen las campañas publicitarias e imaginarnos los posibles escenarios al no usarlos, al hacerlo nos daremos cuenta fácilmente que si aún para nosotros es un problema tener kilos de más, por ejemplo, la única solución no es tomar un cóctel de medicamentos.

Este mismo sistema es utilizado por diversas profesiones, a veces en conjunto con los médicos, como es el caso de los psicólogos.

¿Por qué es una enfermedad estar triste, tener baja autoestima, ser introvertido, estar cansado, no tener motivación para hacer una tarea, ser una persona muy activa, ser excitados al ver zapatillas o tener miedo a las serpientes? Pues muchos psicólogos se han dado a la tarea de convencer de que estas conductas y gustos ser vistos casi como sinónimos de pecados. Curiosamente los únicos capaces de alejar estos males de nuestra psique son ellos y sus tratamientos. Utilizando el Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (en inglés Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders, DSM) como fuente de etiquetas se hacen foros de discusión en radio, televisión o internet sobre cómo detectar los síntomas de “X” trastorno de personalidad, sin olvidar las publicaciones de libros, artículos en revistas y periódicos sobre “como averiguar si tu hijo es… (Agregar la tribu urbana de moda) y cómo solucionarlo”.

Habrá que voltear al pasado para observar que ya se han inventado trastornos y enfermedades con el objetivo de mantener bajo control y explotar a un sector de la población o a toda ella. Cada momento histórico viene acompañado por enfermedades verdaderas y ficticias, ambas usadas para lucrar. Hoy estas enfermedades se multiplican a velocidades que no se habían vivido antes por lo que tenemos que mantenernos en alerta constante y no dejarnos convencer por este discurso, tarea que no será fácil porque nosotros mismos reforzamos esta forma de pensar pero seguramente lo lograremos si buscamos ser analíticos y no creernos ni nuestro pensamiento.

Bibliografía

Blech, J. (2003). Prólogo, Curación sin fronteras y El cuento de la medicina. En Los inventores de enfermedades. (2005). Barcelona, Destino.

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El amor en tiempos del posmodernismo

Las personas nos relacionamos con fines productivos, como en el trabajo, para hacer tareas en la escuela o incluso para echar la cascara en la cuadra, esa comunicación para poder realizar un objetivo. Por la constante relación con ciertas personas es que pueden surgir lazos afectivos, como la amistad, la confianza y algo conocido como amor.

Es impresionante como a lo largo de la historia de la humanidad se fueron desarrollando estos lazos afectivos, Hipócrates diría que la base de las relaciones son los temperamentos, siendo sanguíneos con buen humor para establecer relaciones, melancólicos teniendo una tristeza que transmite por su comportamiento, coléricos donde el impulso mueve al individuo o flemáticos quienes su apatía hace que las relaciones sean difíciles de acercarse; estos temperamentos forjan el tipo de personalidad de los individuos; la personalidad es esa “máscara” que mostramos para facilitar las relaciones, eso que queremos mostrar para acercarnos.  Si partimos de Hipócrates, estamos hablando de que el estado de los individuos permite la relación, así la afectividad entonces se vuelve la herramienta de la relación.

Le bon (2004) hablaría del sentimiento que vuelve inconsciente a la masa, provocando que la gente haga cosas que nunca por sí misma haría. Haciendo de la afectividad eso que los une, ese estado que los envuelve, que permite hacer más de lo alcanzable, “eso” son los sentimientos, eso que nos mueve y que solo podemos sentir por estar con otra persona.

Es importante como la palabra “afectividad” suena muy extraña para la gente, les suena más “sentimientos” o “eso” que sienten, entonces los temperamentos serían “eso”, el estado en el que se encuentra el cuerpo, o como lo dijo Pablo Fernández “sentir es el verbo que se emplea para informar que hubo una sacudida de la realidad, la aparición de lo que no se sabe” (Fernández, 2000), los sentimientos se crean por el choque de lo inevitable.

Una vida se buscaba a la persona que puede ser quien provoque esas nauseas sentimentales, después de tanto sufrir, por tiempo y más tiempo, llegaba el momento anhelado ese clímax pasional del encuentro de dos personas, en las que la unión los llevaba al encuentro de sus almas; Descartes pensaría en miles de corrientes animales recorriendo el cuerpo ordenadas por esa ánima que lo controlaba.

Antes a ese encuentro se le llamaba “Hacer el Amor”, porque realmente tenía su chiste hacerlo, te llevaba tiempo, esfuerzo, noches en vela, lagrimas, sangre, peleas e incluso una que otra amistad; era realmente una relación basada en la pasión. Para saber qué es pasión, Pablo Fernández describe “son sentimientos románticos y no son cómodas ni espectaculares, porque pasarse la vida tras una idea fija, requiere disciplina, voluntad y malos ratos…” “a los verdaderos apasionados lo único que se les nota es la monotonía, duro y dale con lo mismo una y otra vez” (Fernández, 2009).

El resultado de la pasión era formar esa tan anhelada familia, pero no cualquier familia, tenía que ser la típica y normal familia que tenía: un papá, una mamá, un niño como primogénito y una niña. Los hijos hermosos que reflejan el vínculo afectivo de la familia empezaron a ser un problema a mediados del siglo pasado, lo chistoso fue que  nos llenamos de familias, ya para el nuevo siglo,  México se llenó de familias numerosas, atravesando la crisis que hizo que  los gastos fueran sólo por lo necesario y algunos otros momentos donde se pasó hambres;  generó un terror por las familias grandes, así esa expresión de amor quedo limitada por las numerosas cuentas que se habrían de pagar en el futuro.

Con esta sobre población, ya sea por tanto amor o porque no había tele, como coloquialmente se dice, empezaron los programas del IMSS de planificación familiar, se dio educación sexual, empezaron a tener su propio auge los métodos anticonceptivos, el más popular por más económico y por ser más accesible fue el condón, que en sí es un preservativo, el cual tiene como función preservar la vida, es una funda de plástico que no permite el contacto de fluidos ni de otros organismos.

El objetivo era bajar los niveles de natalidad y mejorar las condiciones de salud,  pero al eliminar o minimizar las preocupaciones por un posible embarazo no deseado o por la adquisición de una enfermedad, aumentó el número de relaciones sexuales de las personas, lo cual no sucedió con los lazos afectivos, al contrario, ya que lo que era todo un proceso para llegar a una relación sexual se minimizó, es decir, el ritual de cortejo se vio reducido a un par de preguntas ¿Cómo te llamas? Y ¿Quieres ir a mi casa, no hay nadie? , por lo que hacer el amor conllevaba un compromiso, con el cual se podía crear ese vínculo, con la llegada del condón, hacer el amor paso a simplemente tener sexo, una aventura, un free y ser novios o esposos paso a ser amigos con derechos o amigovios, y esto debido a que no hay consecuencias, entonces esto se  convirtió en una creación de redes, cualquiera podía relacionarse con quién quisiera, hasta parece la globalización del sexo.

El amor como se dijo, es la síntesis de un mar de sentimientos, los cuales pueden ser estados de la persona ciclotímica, un día es la alegría completa y al otro es una depresión crónica. Dado que estos cambios de ánimo tan repentinos no le permiten, a ninguna persona, ser como cualquier otra, entonces no estamos siendo funcionales,  y si no somos funcionales, como lo dice el DSM-IV, es una enfermedad, la cual define como un trastorno crónico fluctuante con muchos períodos de hipomanía y depresión.

Si el amor es una enfermedad que solo se curaba con la presencia de la otra persona, ahora ya existen talleres donde te enseñan a coquetear, seminarios de cómo tener control de sus sentimientos, tal vez no falte mucho en haber un medicamento para el mal de amor, ya existe el remedio para enamorar, aunque después de un tiempo les preocupó mucho los efectos secundarios del toloache. Es probable que así como la sífilis, gonorrea o el VIH, no pueda pasar atreves del condón.

Ahora esto se vuelve posmodernamente romántico, eso de tardarse ya paso, ahora es llegar acostarse y por la mañana irse antes de que la otra persona te despierte con un beso, ahora es llegar al acto sin disfrutar el proceso, entonces ya no es una pasión si no un capricho, es un chasquido, un estornudo o una grosería; solo pasa y en eso se queda. Ahora somos cínicos, “sabemos el valor de todo y el valor de nada” (Weitz, 1972), entonces ya no importa tanto lo de en medio.

Una hipótesis sería que ya nadie quiere sufrir, eso de desvelarse y ver a las personas ya es muy aburrido, uno va al café, conoce a una persona y al final del día la relación termino. Entonces empezamos a utilizar otro tipo de condones, también muy tecnológicos, que ahora se pueden llamar facebook, celular o aunque ya pasado de moda, Messenger, cada uno puede poner solamente un parte de sí mismo, no es necesario ser uno por completo (Gergen, 1991),  el chiste es ya no tener contacto y si uno se divide o fragmenta es más fácil  protegerse y que ningún germen pase, llámese Sífilis o amor.  Entonces las cartas, las poesías o las serenatas, se vuelven like’s, comentarios a las 2:00 a.m. y si da tiempo compartir una imagen medio irónica, así como si estuvieran sufriendo, la confianza se traduce en cuántas contraseñas se comparten, o si se hace. Cuando se logra pasar la prueba de fuego y la relación ha sobrevivido una semana, su existencia comienza a ser dada por su publicación en Facebook, el interés que se tiene por los mensajes vistos y contestados, por likes o por los mensajes en whats app.

Ya nadie puede “ser” enamorado, o “estar” enamorado, así como no se puede dejar pasar la oportunidad de tener relaciones sexuales, en la versión tecnológica, no podemos estar en paz, tenemos que platicar horas y horas, pero no en persona si no por chat,  o ver si dejo un comentario o a ver si le puso like, ya no hay esa espera para ver qué pasa, más allá de la que se tiene por la respuesta electrónica, el tiempo comienza a tener mayor importancia, todo lo queremos de manera inmediata, idea alimentada por nuestro pensamiento mágico, ya que no sólo  no nos damos cuenta de cuándo pasa, sino porque no pensamos en lo que hay en medio de esa respuesta, porque lo que importa es el producto más no el proceso (Eco,2002) , no hay esa duda que enloquece y permanece, como si ese sentimiento te inundara o incluso te ahogara, ahora se espera un abracadacra que se busca actualizando la página cada tres minutos.

Y como pretendemos que esto sea un diálogo y no un monólogo, la conclusión la pones tú… Esperamos tu participación a través de los comentarios.

Artículo complementario:

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Referencias:

Eco, U. (2002). Ciencia, tecnología y magia y La pérdida de privacidad. En A paso de cangrejo. México. Debate.

Fernández, P. (2000). La afectividad colectiva. D.F.: Taurus.

Fernández, P. (2009). La Forma de los Miércoles: como disfrutar lo inadvertido. D.F.: Editoras los miércoles.

Gergen, K. (1991). Prefacio y el asedio del yo. En El yo saturado. Barcelona. Paidós. Contextos.

Le Bon, G. (2004) Psicología de las masas. Estudio sobre la psicología de las multitudes. Buenos Aires.

Weitz, J. (1972). El valor de nada. Barcelona: Grijalbo.

¿Qué es la tecnología?

La tecnología comúnmente tiende a vincularse exclusivamente con las computadoras, la robótica, el último modelo de celular que salió a la venta, e incluso tiende a confundirse con lo que hace la ciencia, adjudicando a una los logros de la otra.

Si nosotros nos tomamos la molestia de revisar ¿Qué dice el DICCIONARIO DE LA REAL ACADEMIA DE LA LENGUA ESPAÑOLA, acerca de la tecnología?, podremos ver que la define como el Conjunto de teorías y de técnicas que permiten el aprovechamiento práctico del conocimiento científico, mientras que si buscamos ¿Qué es ciencia? podremos leer que dice Conjunto de conocimientos obtenidos mediante la observación y el razonamiento, sistemáticamente estructurados y de los que se deducen principios y leyes generales. Entonces hagamos un pequeño ejercicio, si hablamos de la rueda, tecnología, si hablamos de fotosíntesis, ciencia, si hablamos de una encuesta en un blog…

Quizá así la diferencia se hace más evidente, y nos permite deducir que la ropa que traes, los zapatos, el celular (no importa que se un “tabique”), la pastilla anticonceptiva o el condón que utilizaste anoche, el maquillaje, incluso el papel que utilizas todos los días, tanto el de los cuadernos como el del baño, son productos tecnológicos, son artículos que facilitan tus actividades día con día, que te permiten reducir tiempo, dinero y esfuerzo, (sino estas seguro piensa en lo que te costo el condón, ahora piensa en lo que te costará mantener un niño hasta que llegue a tu edad o en lo que te costará pagarte una mejor calidad de vida debido a una ETS).

Algo que tampoco es innegable es el hecho de que el hombre quiere todo de la tecnología, y cuando algo sale mal o es demasiado bueno, es la misma tecnología la que tiene la culpa o la octava maravilla, según sea el caso, es natural escuchar que nos quita, nos da, nos idiotiza, nos cura, nos aleja, nos acerca, pero no reparamos en el hecho de que somos nosotros quienes hacemos uso de ella, de que la tecnología es un conjunto de herramientas, de técnicas, no de entes que tienen vida y movimiento por sí solos. La bomba que explotó en Hiroshima no lo hizo sola, fue dirigida y detonada por una persona, por lo que si se utiliza youtube para ver “caídas chistosas” o para ver una conferencia que se llevó a cabo, a la cual no pudimos asistir, no es cosa de  Youtube, sino de quien teclea en el buscador.

Por ejemplo, si escuchamos a una madre preocupada por el acoso que su hija a estado viviendo en los últimos meses, a través de su cuenta de correo electrónico, en el periódico leemos acerca del aumento en la tasa de ciberdelitos, como fraude, acoso, pornografía (por ejemplo en el caso de quienes son expuestos en la red sin su consentimiento), ¿Estaríamos de acuerdo que se debe a la tecnología?

Pensamiento mágico

La idea de Umberto Eco es bastante atinada cuando dice que estamos en una época hipnotizada por la velocidad, ya que al parecer es algo innegable, basta con  echar un vistazo a nuestro alrededor e incluso a la propia rutina para percatarnos de que aún sin la presión del tiempo, por llegar a algún lugar o terminar de hacer algo, estamos continuamente contando cada segundo. Y es esta forma de vivir la que nos hace exigir inmediatez y olvidarnos de lo que hay detrás, o mejor dicho en medio, es decir, el proceso que subyace es invisibilizado por la inmediatez de los resultados, lo que nos lleva a desinteresarnos por cómo es que llegó a nuestras manos información sobre la canción que acaba de tocar cierto grupo al otro lado del mundo, concentrándonos de manera exclusiva en el hecho de que no llegó en tiempo real porque la conexión Wi Fi no está funcionando de manera adecuada, siendo que hace algunos años atrás una cosa así era considerada pura ficción. Es entonces cuando creemos que todo ocurre por arte de magia, perdiendo de vista el trasfondo, el proceso que ello requirió.

Esto aunado a nuestra tendencia por ver como algo mágico y misterioso aquello que no entendemos, incluso a aquello que ya tiene una explicación científica, la cual no conocemos o no recordamos. Entonces podemos hablar de eventos que parecen no tener una causa alguna, que a nuestros ojos aparecen y desaparecen, esto debido a que pasan de golpe de una causa a un efecto, y es por eso que empezamos a creer en la eficacia de los “menjurjes” anunciados a la esquina de los tianguis y los mercados, “si usted tiene callos, dolor en las piernas, en las articulaciones, de cabeza, de estómago, de garganta, se le esta cayendo el cabello, tiene arrugas, sufre de diabetes, de bipolaridad, no escucha bien, tiene uña amarilla, moretones, mal de amores, acérquese, tenemos la solución a sus problemas, pomada de uñas de venado, hunteselo dos veces al día y verá los resultados”; estamos acostumbrados a que los eventos sean tan rápidos que ir de un continente a otro en avión o por internet no supone ningún problema. Es más si prendemos la televisión nos parece horrible y perturbador el escenario que nos plantea una nueva serie de televisión, donde no hay luz, no hay aviones, no hay teléfono, donde no tenemos ni la menor idea de sobrevivir porque no conocemos los procesos que hay detrás de lo que necesitamos, donde todo nos aterroriza porque no sabemos cómo es que llegó ahí, porque no sabemos cómo funciona, cuál es su origen. Y a propósito de esto, es algo que ocurre frecuentemente con el origen del universo, del cual nos habla Stephen Hawking, quien nos ilustra al respecto pero que aun así, seguimos viéndolo como algo mágico e inexplicable, seguimos negándonos a creer en lo que ya está demostrado que es.

Parece ser que es difícil que salgamos o dejemos a un lado el pensamiento mágico, porque nos hemos viciado de él. No son tan diferentes las visitas al médico o al psicólogo a las del brujo del pueblo, porque en ambas se les obedece por fé, incluso ambos pueden llegar a curar sin necesidad de utilizar un remedio realmente eficaz y solo dar un placebo. Hoy quizá estemos convirtiendo a la ciencia en fé, por la velocidad a la que vivimos, provocando que no nos tomemos el tiempo en averiguar cuál es el proceso entre tomarnos una pastilla y que se nos quite la gripe.

Otro ejemplo acerca del pensamiento no científico, puede ser el de aquellas personas quienes creen en la teoría de la relatividad, pero también siguen asistiendo a una iglesia, llevándonos a pensar que muy pocas personas piensan o científica o mágicamente de manera completa, es decir, que la gran mayoría se encuentra en el centro. Esto no quiere decir que una sea verdadera y otra falsa, ya que por el momento ese no es el tema, sino que sin importar cuál elegimos, en ninguna nos detenemos a investigar las explicaciones que nos da acerca del origen del universo, y si lo hacemos nos daremos cuenta de que son teorías que están inacabadas y creerles ciegamente nos hace caer en el mismo error, quizá la respuesta está en no dejar de pensar y seguir investigando como lo dice Steven Hawking para encontrar una respuesta entendible para todos. Entonces el camino está en preguntarnos acerca de ello, investigar, reflexionarlo, criticarlo, y no solo aceptarlo sin chistar.

ECO

Texto recomendado: Eco, U. (2002). Ciencia, tecnología y magia. En A paso de cangrejo. (2007). México, Debate.