El papel de los medios de comunicación como productora, reforzadora y diseminadora de discursos psicosociales

La comunicación en su aceptación más amplia el término se usa en el plano biológico, ecológico, etnológico, etológico y humano para indicar ese intercambio de mensajes que abarca desde los organismos unicelulares a los animales, a las máquinas y al hombre, cuyos modos comunicativos se estudian, según su forma, la función y el destino, por la psicología, la lingüística, la sociología, la teoría de la información y la cibernética (Galimberti, 2011). Las formas de comunicarnos no se reducen a la comunicación verbal o visual sino incluso a mensajes químicos y eléctricos, la comunicación entonces de definirá por el tipo de emisor, receptor y por tanto del mensaje.

Cada uno de nosotros estamos emitiendo diferentes tipos de mensajes a lo largo nuestras vidas, desde que nacemos hasta nuestra muerte,  por tanto (al estar en constante interacción con nuestro medio) estaremos expuestos a los mensajes de otros. El tipo de mensaje puede ser muy variado en forma y contenido, puede ser desde una palabra, frase o sonido hasta un gesto o posición de nuestro cuerpo, y como sabemos estos no son emitidos de forma aislada sino trabajan en conjunto con el contexto para poder tener una influencia en el receptor.

Cuando tenemos un simple plática de café mandamos una serie de mensajes al otro para que este se convenza de que nuestra postura política es la mejor o que es superior a la de él, argumentamos, escuchamos (si de verdad nos interesa tener un diálogo) y respondemos al mensaje del nuestro acompañante. Pero como sujetos que viven y fluyen en una sociedad no recibimos y emitimos un mensaje a la vez y en turnos, basta con revisar un día completo de nuestras vidas para comprobar esto. Desde que despertamos con la alarma personalizada con una canción de moda (que hace un par de semanas no odiábamos porque no interrumpía nuestro sueño), escuchamos la radio mientras nos bañamos, percibimos el olor de la comida y la saboreamos, platicamos en el desayuno con nuestra familia, al mismo tiempo revisamos nuestro correo electrónico, las actualizaciones de estado de amigos en Facebook, checamos el mensaje de buenas noches que no alcanzamos a leer, salimos de nuestra casa y nos topamos con algún vecino amigable con el que intercambiamos un “buenos días”, subimos al transporte público, escuchamos música de nuestro reproductor mientras de fondo suena alguna cumbia y alcanzamos a oír la plática de dos chicas en el asiento de enfrente e incluso alcanzamos a percibir el perfume de una de ellas. En el camino vemos espectaculares en casi todos los edificios, letreros afuera de cada negocio, letreros de transito, anuncios de productos en cada parada de microbús, estación del Metro o en prácticamente cada espacio que este expuesto a la vista de mucha gente, como el camión mismo en el que vas sentado o la pared de alguna casa. En varios semáforos nos encontramos con vendedores de periódicos y en ocasiones el vendedor gritando las noticias más relevantes. Por fin llegamos a la universidad, saludamos de beso, con un abrazo, de lejos, con un apretón de manos, con un gesto amable, ignoramos a otros o incluso no notamos su presencia, todo esto con algunos volantes en mano que fuimos recolectando a lo largo del viaje. A lo largo del día tenemos diferentes charlas sobre el estado actual del país, el clima, sobre lo que se hizo el fin de semana o lo que se hará el siguiente, también estaremos enviando mensajes de texto, haciendo llamadas y revisando las redes sociales a lo largo del día si es que se tiene algún dispositivo móvil con acceso a internet. De regreso a casa miramos la T.V. llena de comerciales sobre medicamentos, productos varios y de la programación del canal. Prendemos la computadora y platicamos con amigos lejanos o que incluso tiene un par de horas que los vimos, buscamos videos en internet que solo podemos ver si esperamos 6 segundos de comerciales y al mismo tiempo mantenemos una conversación.

En un día como este se estuvo expuesto a cientos de mensajes de diferentes formas y  contenidos, de emisores muy diferentes entre sí, en diversos contextos, cada uno con intenciones particulares. Pero muchos de estos mensajes son recibidos por medios de comunicación masiva, como lo son el periódico, revistas, televisión, radio, internet, libros o cine. La comunicación siempre tendrá un objetivo, “nos comunicamos para influir y para afectar intencionalmente” (Berlo, 1985) por lo tanto los mensajes que estos medios emiten también busca influir, aún cuando no se tiene un propósito claro. Incluso se puede llegar a influir en aspectos que no se esperaba.

La mayoría de estos medios se basan en mensajes audiovisuales y no podemos negar que ya forman parte importante de nuestra vida cotidiana, incluso podríamos decir que esta cultura audiovisual ya es nuestra vida cotidiana (Sabsay, 2009). Por lo tanto no podemos negar que sus mensajes tengan una fuerte influencia en el imaginario social, en la configuración de la moral y por tanto de nuestra forma de ejercer nuestra sexualidad.

Cada uno de estos medios de comunicación tiene sus propios criterios para decidir qué, cómo y cuándo se presentan sus contenidos, pero estos contenidos pueden discriminar, reprimir, glorificar, excluir o incluir, ayudando a crear nuevos imaginarios sociales. Lo que se ve y lo que no se ve, como se muestra y para que se muestra está reproduciendo irremediablemente una subjetividad que puede ser tomada de los consumidores pero también puede estar creando una nueva subjetividad, siguiendo a Sabsay (2009) pueden reproducir una jerarquía de identidades sociales y sexuales ya dadas pero también crear nuevas.

Es la sexualidad uno de los imaginarios más manoseados por los medios de comunicación y por tanto debemos poner especial atención por la importancia que tiene en nuestra vida cotidiana, ya que es a partir de ella que muchas sociedades como la nuestra se organiza desde las tareas domesticas hasta la distribución de bienes, pasando por el estilo de crianza y la forma en que se estructura una familia. La sexualidad no tenemos que ver un fenómeno estático y único según Weeks (1988):

Más bien debemos cobrar conciencia de que la sexualidad es algo que la sociedad produce de manera compleja. Es el resultado de distintas prácticas sociales que dan significado a las actividades humanas, de definiciones sociales y autodefiniciones, de luchas entre quienes tienen poder definir y reglamentar contra quienes se resisten. La sexualidad no es un hecho dado, es un producto de negociación, lucha y acción humanas.

Es decir, la forma en la que se piensa y se ejerce la sexualidad varía entre culturas porque está sujeta a procesos sociales complejos como puede ser  la economía, las revoluciones, movimientos sociales, etcétera. Además de que esta es producto de la lucha de poderes, lo que hace que la visión sobre la sexualidad sea impuesta por el grupo opresor. Y son los medios de comunicación una de las herramientas que se ocupa para manipular e imponer su ideología.

Los esquemas familiares se configuran y reconfiguran por factores económicos, reglas de herencia, intervenciones del Estado para reglamentar el matrimonio y el divorcio o para mantener a la familia mediante la asistencia social o políticas de impuestos (Weeks, 1988). Por lo tanto los esquemas que se llevan para la vida sexual son afectados y controlados por los intereses del Estado. Al controlar las formas de convivir, al controlar la forma en que se organiza una familia se puede controlar incluso las actividades de consumo.

Para poder marcar las pautas de consumo y de organización familiar se presentan diferentes discursos implícitos y explícitos en los contenidos que presentan los medios de comunicación. Dentro de estos medios podemos observar cómo hay un doble discurso en cuanto a cómo debemos ver a la sexualidad y la forma de ejercer la misma. Por un lado tenemos programas de televisión, comerciales y anuncios con cuerpos semidesnudos o en posiciones sugestivas y por el otro telenovelas, historias y comerciales en los que se castiga a las personas que se salen de las prácticas sexuales normativas.

En el primer discurso podemos observar que el saber popular de “el sexo vende” lo tienen bien aprendido los profesionales de la publicidad, es por eso que muchas campañas publicitarias contienen mujeres desnudas, slogans en doble sentido, es decir, sexualizan todo para su consumo. Lo que podemos rectificar al ver un comercial de desodorantes que promete potencializan la atracción sexual y espectaculares que anuncian relojes  con mujeres mostrando parte de su cuerpo desnudo. Este tipo de publicidad nos vende la idea de que su producto hará crecer nuestra atracción física y por ende nuestras probabilidades de tener relaciones sexuales, juega con la idea de darle seguridad a quién lo usa, tanta que se podrá dar oportunidad de elegir entre muchos prospectos. Los actores y modelos se presentan en contextos en lo que se puede llegar a tener relaciones sexuales con personas desconocidas dejando a un lado los vínculos afectivos, lo mismo pasa con la mayoría de los anuncios de condones, se le da mayor importancia al placer físico mientras que se le resta o se niega la existencia de emociones y sentimientos que no estén ligados a este tipo de placer. Los cuerpos que se muestran dan otro mensaje, comunican que tipo de cuerpo es el que se debe tener y como el producto te acerca a parecer un poco más al modelo o artista del anuncio.

El segundo discurso que noto es el que está en la mayoría de las telenovelas, la cual tiene una historia de amor en la que la protagonista es inocente, tierna y no tiene mucho conocimiento sobre sexualidad, ella solo tendrá relaciones sexuales si y solo si está enamorada, incluso este acto puede postergarse hasta después del matrimonio. Ya empiezan a aparecer historias en las que la mujer ya es más autosuficiente y es feliz con una vida austera pero aún así, su completa felicidad se obtiene cuando su vida se llena de lujos al conseguir una pareja con más dinero. Por otro lado la antagonista tiene una posición social más alta, no es tan inocente, es más astuta y su grado de maldad solo se puede comparar con el grado de promiscuidad. Al final de las historias la primera es recompensada por ser la victima mientras que la antagonista es castigada por llevar una vida sexual más activa y fuera del matrimonio incluso los hijos que pudiera estar a punto de nacer mueren o si ya han nacido pasan a manos de una familia estable y que de preferencia sea nuclear.

Tal parece que salirse de los guiones sociales sobre cómo llevar a cabo nuestra vida sexual nos llevará a ser castigados al final de nuestras vidas, ya sea por el sistema judicial o incluso una fuerza divina. Limita a ejercer actos sexuales solo dentro de un matrimonio heterosexual o solo si hay sentimientos de por medio.

Otro elemento que me parece importante resaltar es el de la comunidad gay dentro de estas historias. No hay telenovela en la que el protagonista tenga una orientación sexual diferente a la heterosexual, su aparición es secundaria y su papel es de “la loca”. Al reforzar este estereotipo solo afecta negativamente la imagen de esta comunidad al no mostrar los demás rostros de las personas con este tipo de orientación, es decir, limitan la visión de los consumidores a percibir a esta población como seres que no se enamoran, que viven solos, que solo pueden ejercer cierto tipo de oficios y trabajos.

Otro medio de comunicación que por su uso está influyendo en el imaginario social es el internet, con el llega un distribución de contenidos más amplia y a velocidades que no se habían alcanzado antes, por lo tanto la pornografía ha tenido una difusión más extensa. El contenido de la misma está muy estereotipada, prácticamente todos los videos tienen un mismo formato en el cual la mujer es vista como un objeto, la mayoría del tiempo que dura el video los actores están teniendo sexo coital, los cuerpos presentados no son los de una persona promedio y las tomas se enfocan en los genitales y en los gesto de ella.

Este tipo de películas ayudan al proceso de jerarquización erótica (Gubern, 2000) atribuyéndole más importancia solo a unas cuantas partes del cuerpo, excluyendo vínculos afectivos e incluso distorsionando la realidad. Esto último ayudado por la falta de información sobre el cuerpo humano y los tabúes alrededor de este tema.

La época actual está llena de tecnología que viene de la mano con nuevas formas de comunicación, que por lo general son más rápidas y con un alcance cada vez mayor. Los mensajes emitidos son en su mayoría audiovisuales y están presentes en nuestra vida cotidiana y por tanto en las formas en que nos relacionamos y convivimos. Pero el fenómeno de influencia intencionada no es nuevo, ya que apareció tan rápido como la comunicación. Quizá en muchas ocasiones nos basamos en ejemplos novedosos de publicidad para explicar esta influencia pero esta la podemos observar incluso en la aparición del comic, al poco tiempo de la invención de este medio apareció un superhéroe que sobrevive hasta nuestros días llamado Capitán América que tenía como objetivo principal potencializar el espíritu nacionalista de los estadounidenses. Esto se pude comprobar al revisar la portada de su primer comic publicada en marzo de 1941 (no es coincidencia que haya sido a pocos meses antes de que Estados Unidos entrara a la segunda guerra mundial), en el cual se puede observar al superhéroe golpeando a Hitler.

Los medios de comunicación siempre tendrán un propósito al presentar diferentes mensajes, estos nunca serán ajenos al momento sociohistórico y estarán fuertemente influenciados por los grupos de poder en turno. Por lo tanto la influencia de los medios modificará imaginarios sociales, generará opiniones, buscara resaltar u opacar figuras y discursos.

Pero no debemos creer que estamos indefensos ante los mensajes, porque si bien estamos somos influenciados por estos también es cierto que nos exponemos mas a mensajes que concuerden con nuestra ideología. En muchas ocasiones las personas pueden dejarse influir totalmente por no tener suficiente información sobre un tema y por no tomar en cuenta las diferencias que hay entre fantasía y realidad como ya hemos observado en el caso de James Eagan quién asesinó a varias personas en la premier de una película imitando al Joker (villano de cinta) o en los jóvenes que se crean expectativas sobre cómo deben ser sus relaciones sexuales basándose en videos pornográficos.

Entonces debemos salirnos de nuestro papel de víctima y tomar una postura más activa dentro de estos procesos de comunicación reflexionando las formas y contenidos de los mensajes a los que nos exponemos y tener claro para que los consumimos. Es decir, “leer entre líneas” para observar quienes están emitiendo el mensaje y el propósito del mismo. Y al tomar una postura más activa podremos revisar que tipo de discursos utilizamos y desde donde tomamos este.

Bibliografía

Berlo, D. (1985). El proceso de la comunicación, introducción a la teoría y a la práctica. México : El Ateneo .

Biagi, S. (2006 ). Impacto de los medios, introducción a los medios masivos de comunicación . México: Thomson .

Galimberti, U. (2011). Diccionario de Psicología. México: siglo xxi editores .

Gubern, R. (2000). Eros electrónico . Madrid : Taurus .

Sabsay, L. (2009). Las normas del deseo, imaginario sexual y comunicación. Madrid : Cátedra .

Weeks, J. (1988). Sexualidad. México: Paidos .

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