Verdú, V. (2005): La época sin prestigio, La cultura sin culto y La formación sin información en Yo y tú, objetos de lujo, Barcelona, Debate, 13-56.

La interacción humana significa -por razón lógica y biológica- un estadio de conocimiento continuo sea para bien o para mal, para la autodestrucción o la supervivencia. Pero, ¿Cómo se ha visto afectada por la tecnología esta interacción a través de los años? Desde el homo habilis hasta el hombre (pos) moderno, ¿Cómo ha desembocado la comunicación humana a través de estos tantos miles de años?

Primeramente, imaginemos al homo habilis al crear por primera vez alguna herramienta; la interacción de éste con su medio y sus similares cambio totalmente a partir de haber creado lo que se haya creado primero… ya fuese una punta de flecha para desgarrar al rival o una especie de martillo.

Gergen apuntala en sus primeras páginas de su libro “el yo saturado”  que nuestra revelación ante la sociedad ha cambiado a partir de los monstruosos cambios tecnológicos, llevándonos, según él, cada vez más cerca al estado de saturación. Nunca antes en la historia del ser humano los estímulos sociales habían sido tan masivos.

El contraste que vemos ahora de hace 100 años es absurdamente increíble.  Si ponemos especial énfasis a la comunicación y su alteración a través de los años por consecuencia de la tecnología sabremos o indagaremos en que hace 100 años había una mejor coerción familiar. La familia solía reunirse con más frecuencia de lo que se aparenta hoy en día. Si llegaba una carta era provocación para pasar un tiempo de calidad con los seres amados. Ahora observamos como la consciencia familiar ha ido suprimiéndose desde hace ya unos varios años, las cartas no son motivo de unión familiar, tampoco de desunión pero, vamos, ¿Qué familia se junta hoy en día (especialmente desde hace más o menos una década con la llegada, globalización y comercialización de quizá el medio de comunicación más colosal que ha existido, el internet) para leer una carta de algún pariente lejano y de paso poder platicar sobre la vida de los demás? Lo cierto es, que ahora puede mirarse un correo hasta por el celular. Los avances tecnológicos de los últimos 100 años han dado pasos agigantados. Incluso el correo electrónico se está convirtiendo obsoleto a causa de sustitutos dentro de la misma Web, un caso claro, Facebook. Ahora se usa Facebook para todo, es un localizador, un diario, un tablón de anuncios, grupos abiertos para toda clase de gustos, e, incluso, como mensajería instantánea (otro ejemplo de este último punto, whatsapp, y aquí entra de nuevo mi argumento sobre lo obsoleto que se está haciendo el e-mail). La gente no ve la necesidad de estar pegado a su familiar cada que le llega un e-mail. De hecho, se cansarían… la saturación social a la que hemos llegado nos da como resultado mogollón de correos electrónicos, llenando las bandejas de entrada como si fuesen una plaga, contando el tan famoso SPAM.

Otro ejemplo claro de hace 100 años, los niños. Incluso hasta hace medio siglo se podían ver a niños jugando por ahí con pelotas, hace un siglo con sus juguetes de la época, podíamos ver a los niños como maquinas de energía desbordante, pero, ¿A dónde se ha ido esa fuente de energía inmensa? Sigue ahí pero, ¿de qué manera se está canalizando? El niño postmodernamente moderno canaliza toda esa energía, no en jugar saltar y romper una piñata, sino, en hacer que su madre le compre cierto videojuego y quedarse 5 horas frente a una pantalla jugando un videojuego donde la temática y la trama principal trata sobre piñatas. Ahora existen juegos para hacer aerobics, para simular un partido de los deportes predominantes, hasta juegos que te permiten volar un avión; ¿sería entonces una especie de ironía o paradoja el hecho de que los pilotos profesionales tengan simuladores de vuelo para practicar?

Esto nos da una concepción del yo más amplia; los actores pueden involucrarse fácilmente en distintas esferas de la vida (ya sea académica, laboral, personal, etc.) creando, así, una mezcla de las distintas esferas sociales. Pero, ¿quién nos asegura que todos los conceptos dentro de cada esfera perdurarán por siempre? ¿Cómo asegurar que esta mezcla de conceptos de cada persona no se confunde con los conceptos de las diferentes esferas sociales?

Como podemos ver, actualmente podemos sentir, saborear, olfatear y hasta escuchar los vestigios del romanticismo y el modernismo, pero, ¿es entonces el postmodernismo una época? Como bien sabemos, esto no es así que se haya dado en un momento específico no quiere decir que desde ahí se comenzó. El yo se ha visto afectado por estas diferentes corrientes ideológicas; mientras que actualmente podemos “degustar” más de una pareja a la vez, la visión romanticista creía fervientemente en el amor y el tener más de una pareja se veía como pecado sin absolución creando un aire más folclórico, mas amoroso y no tan sexual, más desenvuelto y menos rígido (para mí).

¿Pero, qué acontece con las concepciones y sus respectivas definiciones del yo? Pues, que no  pertenecen a la categoría de lo inmutable. La caracterización del yo ha sido diversa a través de la historia. Así, por ejemplo, podemos discernir la caracterización del yo en el siglo XVIII y la de ahora. Como menciona Gergen, antes no se tenía un sentido de maternidad o paternidad sobre los infantes como se tiene hoy en día, creando así, historias fabulosas como Hanzel y Gretel, por dar humor al texto.

La cultura es igualmente un factor decisivo en la auto concepción del yo. Digamos, el yo no es el mismo aquí y en China (literalmente, no lo menciono porque este “al otro lado del mundo”); la auto concepción del yo no es la misma aquí en México que en la China socialista; simplemente, el hecho de que no se pudiera crear arte o consumir algo que no fuese del estado o tener menos de media docena de cortes de cabello oficiales y permitidos por el gobierno, ya dice bastante sobre este factor crucial. El factor del lenguaje hace que los conceptos del yo cambien sin que a veces te des cuenta. Gergen tiene un (varios) punto(s) a su favor. Menciona algo muy cierto y es la introducción de palabras representativas del área de la salud mental. Un ejemplo claro y hermoso de esto es la concepción del yo hace siglos según el clero y hoy en día según la humanidad en general (trataré de tener extremo cuidado para no caer en contexto, platicas o debates controversiales); tomemos el vocabulario referido a la salud mental, tomemos, más específicamente, las palabras cleptomanía o esquizofrenia. En cualquiera de los dos casos hace siglos el yo se veía poseído por un demonio o un espíritu maligno o incluso hasta por una deidad. En el caso de la cleptomanía, espíritus malignos poseían el cuerpo de algún mortal para así hacer lo que hiciera lo que deseaba. Hoy se dice que más bien es un estado compulsivo generado por una gran ansiedad que no se quita sino hasta tener el objeto deseado, creando así, con reforzamiento positivo, una adicción a dicha acción.

Por último sólo nos queda aclarar un punto absoluto en cuanto a veracidad y confiabilidad… la concepción del yo se encuentra en constante cambio.

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