Bourdieu, P. (1996). Prefacio, El plató y sus bastidores. Sobre la televisión. Barcelona: Anagrama. 7-53.

SOBRE LA TELEVISIÓN POR PIERRE BOURDIEU

Este trabajo trata de mostrar las condiciones en las que se da el uso de la televisión como el medio con mayor cobertura a nivel mundial, así como es usado con fines e intereses que corresponden a tendencias políticas y empresariales. Ahora se da una lucha para que lo que hubiera podido convertirse en un extraordinario instrumento de democracia directa no acabe siéndolo de opresión simbólica.

  1. 1.    El plató y sus bastidores.

¿Por qué la gente hace todo lo posible por aparecer en la televisión en condiciones normales? Es una pregunta muy importante, no importa la degradación o la censura de la persona con tal de salir en una pantalla. En primera instancia, se le dice a la persona que puede decir y que no debe decir, se le mide el tiempo y tiene que estar en función de esos minutos, por último y por si hubiera la duda de que los puntos anteriores no se fueran a cumplir, hay una persona, un conductor o presentador que te va a regular la conducta en cada momento. Al aceptar participar sin preocuparse por saber si se podrá decir alguna cosa, se pone claramente de manifiesto que no se está ahí para decir algo, sino por razones completamente distintas, particularmente para dejarse ver y ser visto. “Ser”, decía Berkeley, “es ser visto”.

La televisión es un instrumento que, teóricamente, ofrece la posibilidad de llegar a todo el mundo, ya que actualmente es más fácil que en cada casa tengan de dos a tres televisores en promedio que leer 2 o tres periódicos al día. La reflexión para todos aquellos que salen en este medio masivo es:  ¿Está lo que tengo que decir al alcance de todo mundo? ¿Estoy dispuesto a hacer lo necesario para que mi discurso, por su forma, pueda ser escuchado por todo el mundo? ¿Merece ser escuchado por todo el mundo? ¿Debería ser escuchado por todo el mundo?¿Tiene algo que decir? ¿Está en condiciones de decirlo? ¿Vale la pena decir aquí lo que está diciendo? En resumen: ¿Qué está haciendo aquí?

Al darle respuesta a todas estas preguntas, tenemos una reflexión fuerte y crítica acerca de dos cosas ¿qué tan relevante es lo que hago? ¿a quién le sirve lo que hago?

Una censura invisible

El análisis sociológico tropieza a menudo con un malentendido quienes forman parte del objeto analizado, en este caso particular los periodistas, tienen tendencia a pensar que la labor de investigación y descripción de sus mecanismos es una labor de denuncia, dirigida contra alguien, o, como suele decirse, un “ataque”, un ataque personal, ad hominem (ahora bien, si el sociólogo dijera o escribiera la decima parte de lo que oye cuando habla con periodistas sobre los “arreglos”, por ejemplo, sobre la elaboración, nunca mejor dicho, de los programas, seria denunciado por esos mismo periodistas por sus prejuicios y su falta de objetividad). A la gente no le gusta quela conviertan en objeto, y a los periodistas menos que a nadie. Cuanto más se avanza en el análisis de un medio más compelido se ve uno a liberar a los individuos de su responsabilidad, y cuanto mejor se entiende cómo funciona mas se comprende también que las personas que intervienen en él son tan manipuladoras como manipuladas. A menudo, manipulan más cuando mas manipuladas están y más conscientes son de estarlo. Creo incluso que la denuncia de los escándalos, de las hazañas y fechorías de tal o cual presentador, o de los sueldos desorbitados de ciertos productores, puede contribuir a desviar la atención de lo esencia, en la medida en que la corrupción de las personas disimula esa especie de corrupción estructural que se ejerce sobre el conjunto del medio a través de mecanismos tales como la competencia por las cuotas de mercado, que me propongo analizar.

Quisiera exponer una serie de mecanismos que hacen que la televisión ejerza una forma particularmente perniciosa de violencia simbólica. La violencia simbólica es una violencia que se ejerce con la complicidad tácita de quienes la padecen y también de quienes la practican en la medida en que unos y otros no son conscientes de padecerla o de practicarla. La sociología, al igual que todas las ciencias, tiene como misión descubrir cosas ocultas; al hacerlo, puede contribuir a minimizar la violencia simbólica que se ejerce en las relaciones sociales en general y en las de comunicación mediática en particular.

Ocultar mostrando

Como la televisión puede, paradójicamente, ocultar mostrando. Lo hace cuando muestra algo distinto de lo que tendría que mostrar si hiciera lo que se supone que se ha de hacer.

Los periodistas tienen unos “lentes” particulares mediante los cuales ven unas cosas, y otras no, y ven de una forma determinada lo que ven. Llevan a cabo una selección y luego elaboran lo que han seleccionado. El principio de selección consiste en la búsqueda de lo sensacional, de lo espectacular. La televisión incita a la dramatización, en un doble sentido: escenifica, en imágenes, un acontecimiento y exagera su importancia, su gravedad, así como su carácter dramático, trágico. Paradójicamente, el mundo de la imagen está dominado por las palabras. La foto no es nada sin el pie; dar nombre significa hacer ver, significa crear, significa alumbrar. Las palabras pueden causar estragos. A veces me entran ganas de corregir  cada palabra que dicen los presentadores, porque hablan a menudo a la ligera, sin tener la más mínima idea de la complejidad y la gravedad de lo que dicen ni de la responsabilidad en que incurren ante miles de telespectadores al utilizar determinadas palabras sin comprenderlas y sin darse cuenta de que no las comprenden. Porque esas palabras hacen cosas, crean fantasmagorías, temores, fobias o, sencillamente, representaciones equivocadas. Lo que puede ser banal para otros puede ser extraordinario para ellos, y al revés, se interesan por lo extraordinario, por lo que se sale de lo común. Pero lo extraordinario es también, y sobre todo, lo que no es cotidiano en relación con los demás periódicos. Se trata de una coerción terrible: la que impone la búsqueda de la primicia informativa, de la exclusiva. Para ser el primero en ver algo, y en mostrarlo, se está dispuesto a lo que sea, como todo el mundo se copia mutuamente para adelantarse a los demás, para mostrar algo antes que los demás, de un modo distinto que los demás, todo el mundo acaba haciendo lo mismo, y la búsqueda de la exclusividad.

La circulación circular de la información

El periodista es un ente abstracto que carece de existencia real; lo que existe son periodistas diferentes según el sexo, la edad, el nivel de instrucción, el periódico, el “medio”. El mundo de los periodistas es un mundo fragmentado donde hay conflictos, competencias, hostilidades. El monopolio periodístico uniformiza y la competencia diversifica. Cuando ésta se da entre periodistas o periódicos sometidos a unas mismas imposiciones, a unos mismos sondeos, a unos mismos anunciantes, homogeneíza.

Los titulares de unas publicaciones se repiten más o menos modificados en las otras. Lo mismo sucede con los informativos televisivos o radiofónicos. En el mejor de los casos, o en el peor, sólo el orden de las noticias cambia. La producción es colectiva. Somos mucho menos originales de lo que creemos. Esto es claro cuando las personas leen las mismas notas en los periódicos, y es que ellos se informan de los demás periodistas, entonces es una paradoja, la exclusividad se da a partir de contar los hechos de forma distinta a los demás. Es claro que los únicos que leen más de un periódico son los mismos periodistas, que están buscando la nota. Se informan entre ellos.

La urgencia y el fast thinking

Los índices de audiencia ejercen un efecto muy particular sobre la televisión: se traducen en una mayor presión de la urgencia. La competencia entre los periódicos, entre los periódicos y la televisión, entre las cadenas de televisión, adquiere la forma de una rivalidad temporal por la primicia informativa, por ser el primero. Hay temas que son impuestos a los telespectadores, precisamente por la competencia con otros productores. La televisión no resulta muy favorable para la expresión del pensamiento.  Establece un vínculo, negativo, entre la urgencia y el pensamiento. Cuando se está atenazado por la urgencia, no se puede pensar. Existe un vínculo entre el pensamiento y el tiempo. Y uno de los mayores problemas que plantea la televisión es el de las relaciones entre el pensamiento y la velocidad.

La ideas preconcebidas” (Flaubert) son ideas que todo el mundo ha recibido, porque flotan en el ambiente, banales, convencionales, corrientes, el problema de la recepción no se plante: no pueden recibirse porque ya han sido recibidas.

Cuando se emite una “idea preconcebida”, es como si eso ya se hubiera hecho; el problema está resuelto. La comunicación es instantánea porque, en un sentido, no existe. O es sólo aparente. El intercambio de “ideas preconcebidas” es una comunicación sin más contenido que el propio hecho de la comunicación. Las “ideas preconcebidas” tienen la virtud de que todo el mundo puede recibirlas y además simultáneamente. Y, por el contrario, el pensamiento es, por definición, subversivo: para empezar ha de desbaratar las “ideas preconcebidas” y luego tiene que demostrar las propias. Cuando Descartes habla de demostración, se refiere a dilatadas concatenaciones de razonamientos.

Unos debates verdaderamente falsos o falsamente verdaderos.

Hay debates verdaderamente falsos, que en seguida se reconocen como tales y también hay debates aparentemente verdaderos, falsamente verdaderos. Voy a analizar el que organizó Cavada durante las huelgas de noviembre de 1995. Si observamos lo que sucedió durante el debate (me iré de lo más evidente a lo mas oculto) veremos una serie de operaciones de censura.

Primer nivel: el papel del presentador. Eso siempre llama la atención de los espectadores. Es quien impone el tema, quien impone la problemática, “¿Hay que quemar en la hoguera a las elites?” Impone el respeto a las reglas del juego. Concede la palabra, reparte elogios. Hay sociólogos que trata de cribar lo implícito no verbal de la comunicación verbal: decimos tantas cosas con las miradas, con los silencios, con los gestos, con las mímicas, con los movimientos de los ojos, etc., como con la palabra. Y también con la entonación, con todo tipo de cosas. Revelamos, por lo tanto, mucho más que lo que podemos controlar, tantos matices en la expresión, por más que se controle el nivel fonológico, no se controla el nivel sintáctico, etc. El presentador interviene de modo inconsciente por medio de su lenguaje, de su manera de plantear las preguntas, de su entonación.

Otro ejemplo muy significativo lo constituyen las diferentes maneras de decir “gracias”. “Gracias” puede significar: “le doy las gracias, le estoy agradecido, me ha complacido escuchar sus palabras.”. Pero hay una forma de decir gracias que equivale a despedir. “Gracias” quiere decir entonces: “Vale, ya está, pasemos al próximo.”

Otra estrategia del presentador: manipula la urgencia; utiliza el tiempo, las prisas, el reloj, para cortar la palabra, para apremiar, para interrumpir. Y aun le queda otro recurso, se erige como portavoz del público: “perdone, no acabo de comprender lo que quiere decir.” No da a entender que es idiota, sino que el que no comprende es el espectador de a pie, que es idiota por definición. Y que por ello se erige en portavoz de los “imbéciles” para interrumpir un discurso inteligente.

Si se pretende que alguien que no es profesional de la palabra consiga decir algo (y entonces con frecuencia dice cosas absolutamente extraordinarias, que la gene que se pasa la vida monopolizando la palabra ni siquiera sería capaz de pensar).

El segundo nivel: La composición del panel de invitados. Es determinante. Hay todo un trabajo de selección previa; hay personas a las que a uno ni se le ocurriría invitar, y las hay que rechazan la invitación. Pero el panel está ahí, y lo que se ve oculta lo que no se ve. Un cambio en la composición de los invitados produce un cambio en el sentido del mensaje. En el programa de Cavada había personas que estaban para explayarse diciendo lo que pensaban y había otras que están allí para explicar, para pronunciar un metadiscurso.

Otro factor invisible es el dispositivo montado previamente, mediante conversaciones preparatorias para sondear a los participantes que pueden desembocar en una especie de guion, más o menos rígido, como un molde al que los participantes han de adaptarse. La improvisación prácticamente no tiene cabida, ni la palabra libre, sin cortapisas, considerado arriesgada, incluso peligrosa, para el presentador y su programa.

Este espacio aun tiene otra propiedad invisible: la propia lógica del juego del lenguaje. Este juego tiene unas reglas tacitas, cada uno de los universos sociales por donde circula el discurso posee una estructura tal que hay cosas que pueden decirse y otras que no. Primer presupuesto implícito de este juego del lenguaje: el debate democrático concebido según el modelo de la lucha libre; tiene que haber enfrentamientos, el bueno, el bruto… Y, al mismo tiempo, no todos los golpes están permitidos. Los golpes han de respetar el molde de la lógica del lenguaje formal, erudito. Otras propiedades del espacio: la complicidad entre profesionales a la que he aludido anteriormente. A los que yo llamo fast thinkers, a los especialistas del pensamiento desechable, los profesionales los llaman “los buenos clientes”, personas maleables, que no crearan dificultades, y además hablan por los codos, sin problemas. Hay un universo de bueno clientes que se sienten como peces en el agua y otros clientes que se sienten como peces fuera del agua. Y luego, última cosa invisible… no hay que olvidar el inconsciente de los presentadores. Me ha sucedido muchas veces, incluso a mí, verme obligado a iniciar todas mis respuestas poniendo en tela de juicio la pregunta que iba a responder. Los periodistas, con sus lentes, con sus categorías de pensamiento, plantean unas preguntas que no tienen nada que ver con nada.

Contradicciones y tensiones

La televisión es un instrumento muy poco autónomo sobre el que recae una serie de constreñimientos originados por las relaciones sociales entre los periodistas, relaciones de competencia, encarnizada que son también relaciones de convivencia, basadas en los intereses comunes vinculados. De lo que resulta que este instrumento de comunicación aparentemente sin límites que es la televisión está muy controlada. Durante los años sesenta, muchos “sociólogos” (entre comillas) se apresuraron a decir que, en tanto que “medio de comunicación de masas” iba a “masificar”. La televisión iba a nivelar, a homogeneizar más o menos a todo los telespectadores. Eso significaba subestimar su capacidad de resistencia. Pero, sobre todo, significaba subestimar la capacidad de la propia televisión para transformar a quienes la producen y, en líneas más generales, a los demás periodistas y al conjunto de los productores culturales. El fenómeno más importante, y que era bastante difícil de prever, es la extensión extraordinaria de la influencia de la televisión sobre el conjunto de las actividades de producción cultural, incluidas las científicas o artísticas. En la actualidad, la televisión ha llevado a su extremo, a su límite, una contradicción que atormenta a todos los universos de producción cultural. Me refiero a la contradicción entre las condiciones económicas y sociales en las que hay que estar situado para poder producir un determinado tipo de obras, esas obras llamas “puras” (es un término ridículo), es decir, autónomas en relación con las imposiciones comerciales, etc. y, por otra parte, las condiciones sociales de transmisión de los productos obtenidos en tales condiciones.

En este microcosmos que es el mundo del periodismo, las tensiones son muy fuertes entre quienes desearían defender los valores de la autonomía, de la libertad respecto de las exigencias de la publicidad, de las presiones, de los jefes, etc., y quienes se someten a esas exigencias y son pagados por ellos en justa compensación. Apenas pueden expresarse, por lo menos en las pantallas de los televisores.

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Werner, K. y Weiss, H. (2001): Conejillos de indias en El libro negro de las marcas, Buenos Aires, Sudamericana, 2003, 69-98

CONEJILLOS DE INDIA

En la creación y aprobación de  medicamentos se esperaría que el objetivo principal fuera la salud del paciente, desafortunadamente pareciera que no es así, en sus investigaciones el autor encuentra que al realizar un ensayo clínico lo que prepondera es la remuneración económica, como se vio con el medicamento Trasylol  en el cual se practicaron punciones pulmonares en los pacientes sin su consentimiento en algunas ocasiones causándoles severas complicaciones, aunado a esto al realizar el ensayo clínico se observó una tasa de mortalidad  alta en el grupo experimental que en el control que solo recibió placebos; ante esto se esperaría que se prohibiera la distribución del medicamento, muy por el contrario  los responsables del estudio dieron la vuelta a todas las cifras y se presentó como un medicamento que salva la vida, actualmente se sigue usando en hospitales austríacos y alemanes,  aunque se reportó esta irregularidad ninguna autoridad hizo nada al respecto y este medicamento se volvió una de las principales fuentes de ingreso para el laboratorio Bayer que con las ganancias multimillonarias que generó se han financiado numerosas investigaciones sobre la utilidad de este medicamento.

El ejemplo anterior no es un caso aislado, debido a todo el dinero que se puede perder de no ser aprobado el medicamento los laboratorios falsifican los resultados y entre mas tiempo pase menos tiempo queda respectivamente de la patente.

Por lo cual el autor decidió investigar si los laboratorios y los médicos incurren en estas irregularidades, donde lo que está de por  medio son vidas humanas. La investigación básicamente consistió en el engaño de un ensayo clínico que fue propuesto a diferentes médicos donde el autor se hacía pasar por un  consultorio farmacéutico, donde se trataría a enfermos graves con placebos lo cual se encuentra prohibido por los principios éticos de la asociación médica mundial, por supuesto los médicos tratantes recibirán unos considerables honorarios por su labor.

Para empezar decidió inventar un medicamento para pacientes con depresión de moderada a severa, para dicha causa les diría a los médicos que destinaría un aproximado de 50.000 a 250.000 euros posteriormente decidió aplicar su investigación en hungría en un hospital de budapest. El primer médico lo contactó vía email dio con él por una búsqueda en google posteriormente lo escribió desinterés por probar el nuevo medicamento en pacientes si la clínica tendría la posibilidad de proporcionar los mismos, para así poder comparar su medicamento con otro antidepresivo.

Después de planear la propuesta, se recibió como respuesta una afirmativa al estudio pero por supuesto pedían que el asunto se tratará con confidencialidad, así en correos posteriores se aclaraban detalles sobre el número de pacientes de los que se disponía, el contacto con otros médicos que estarían dispuestos a participar, así también el médico le proporcionó una página web donde podrá ver los estudios previos donde había participado la clínica entre ellos figuraban estudios con placebo, para laboratorios como Novartis.

Posteriormente se plantearon preguntas técnicas sobre el medicamento, como deberían de ser los pagos  a los médicos y al hospital, el  número de participantes, así como la relatividad del consentimiento de los pacientes, al ofrecerles un mejor lugar si aceptaban participar y el uso  de placebos y lo referente al screening  y el investigation   meeting, cosas que por  supuesto se  contemplan como “gastos de investigación”.

También encontramos el caso del sida en África, donde la enfermedad se podría decir ha cobrado tantos muertos como la segunda y tercera guerra mundial, pero para ser justos como pueden acceder estos enfermos a un medicamento que cuesta más de ochocientos euros y ganan por mucho 25 euros al mes,  lo más justo es que esta población´pudiera acceder a los medicamentos a  un precio  que pudieran pagar ,  como resultado de esto   se a pedido que se declaren en estado de emergencia para que así puedan recibir apoyo, ciertamente  las autoridades se han negado ya que lo  que pretenden  es que toda población de bajos recursos en cualquier parte del mundo pueda acceder a estos medicamentos; como parte de está lucha se inició una pelea por  el acceso a medicamentos a precios accesibles   es importante  mencionar que los precios de los medicamentos que cuentan con patentes  tienen precios exorbitantes debido a la misma patente,  al  final de   esta lucha se aprobó   que el gobierno Africanos generará medicamentos genéricos para su población, pero esto  no se aplicará   a  ningún otros países.

Werner, K. y Weiss, H. (2001): Conejillos de indias en El libro negro de las marcas, Buenos Aires, Sudamericana, 2003, 69-98

Oguibe, O. (2002): La conectividad y el destino de los no conectados enCriterios, La Habana, 2006, 135-149.

Oguibe localiza algunas de las funciones de La Red, las cuales deben ser analizadas con el objeto de mejorar la utilización de la misma:

  • Como medio para crear nuevos productos y situaciones culturales.
  • Funciona como como vehículo para la trasmisión, distribución y evaluación crítica de esas formas y contextos culturales.
  • Posibilita la comunicación entre artistas y productores.
  • Como medio de información e intercambio de mercancías.

Pero para que la red funcione necesita de personas que se conecten. En un principio parece que solo se trata de conectarse, pero es más complicado de lo que parece, para estar conectados se necesitan una serie de requisitos y no solo querer estarlo, a infraestructura de telecomunicaciones, habilidades (lectura y escritura como mínimo), computadora, ubicación social y económica son algunos de estos. Al darnos cuenta de esto es fácil observar cómo queda excluidos muchos sectores de nuestra sociedad, sin mencionar que también hay personas que cuentan con los requisitos y no tienen la disposición de utilizar nuevas tecnologías, de este modo nos quedan muy pocas personas con acceso a la red.

¿Cuál es el problema? Los no conectados no pueden participar en las dinámicas sociales que se dan dentro de la red. Parece ser que produce un efecto paradójico, funciona cómo diseminador de información a velocidades impresionantes mientras que silencia y excluye a quienes no cuentan con todos los requisitos. Se puede hablar de ellos, presentar imágenes o información sobre los nos conectados y esto ya lo podríamos tomar como una violación a sus derechos, porque además no tiene derecho a réplica por su condición. En suma cada movimiento social tiene su página oficial, en muchas te suscribes, es así como formas parte del movimiento, la importancia de las actividades en el mundo físico va disminuyendo y los no conectados quedan al marguen de la actividades o solo forman parte solo de una mitad de estas.

En paralelo, a causa de la información en masa se está dando como veraz la información que ahí se encuentra, lo que puede provocar la desaparición de otras fuentes de información y la multiplicación de charlatanes. Quizá un día Wikipedia se termine convirtiendo en el único banco de datos al que se recurra al buscar información y el temor de muchos se haga realidad: la desaparición de los libros.

Por otro lado los conectados están pasando más tiempo en este estado, lo que provoca que nos  alejemos del otro, fácilmente podemos comprar casi o vender cualquier cosas por internet y con la posibilidad de entrega a domicilio, la comodidad va quedando por encima de la convivencia. El aislamiento se ve más claro si observamos que además las terminales para conectarnos son de uso individual, las PC de escritorio dentro de los hogares están desapareciendo dejando a su paso tantas laptops como personas viven en la casa. Al marcar distancia solo consumimos al otro simbólicamente y nos ahorramos responsabilidad al convivir físicamente.

Ogibe destaca la importancia de una intervención cultural y política para contrarrestar los efectos negativos de la red con el objetivo de cuidar los derechos de los usuarios y de los no conectados. Así como también ir formando una era digital más cohesionada en la que la tecnología no esté al alcance de unos pocos, buscando que no se atropellen los derechos de quienes no tienen acceso.

Eco, U. (2002): Ciencia, tecnología y magia y La pérdida de privacidad, en A paso de Cangrejo, México, Debate, 2007, 123-131; 98-109.

En “A paso de cangrejo” Umberto analiza varios temas como la tecnología y los nuevos sistemas democráticos, nos da una visión diferente de estos y hace ver que quizá no vamos hacia delante sino quizá estamos estancando (con suerte) o que estamos regresando a producir viejos vicios.

La pérdida de la privacidad

Como bien se puede inferir, en este capítulo se habla sobre la perdida de la privacidad, gracias a la globalización de la comunicación por internet.

El concepto de límite varía de acuerdo a la cultura, por lo tanto cada cultura define las condiciones bajo las que se considera que se está rebasando a esta y por lo tanto los castigos que se reciben al traspasar algún límite. Hasta los animales tienen claro que no deben traspasar la “burbuja vital” de otros a menos que se los hayan permitido o quieran alguna pelea.

Pero en el ser humano también los limites no quedan en lo territorial, también se cuidan los datos personales y que estos no sean compartidos a cualquier persona. En muchas ocasiones se acostumbraba presentarse utilizando solo el nombre sin apellidos o en ocasiones agregando el lugar de origen. El internet ha ayudado a que esta práctica sea cada vez menos común, en este medio alimentamos el voyerismo colectivo exhibiendo nuestro nombre, dirección, profesión y hasta estado de ánimo en plataformas como Facebook o You tube.

Para explicar cómo se pasó del hermetismo al exhibicionismo Umberto Eco hace referencia a cotilleo, proceso que se daba constantemente en cualquier pueblo o taberna. El cotilleo se trataba de hablar sobre los defectos de otras personas, desgracias o errores ajenos, por otro lado, la víctima tenía como opción ignorar a los verdugos (para evidenciar que lo que se dice de ella no era verdad) hasta que hiciera un escándalo públicamente, entonces los verdugos ya no tendrían “tela de donde cortar”. Pero para que todo esto funcionara todos los involucrados guardaban una parte del secreto.

Umberto localiza al primer cotilleo moderno en la prensa, donde se presentaban notas sobre personas famosas, notas que por lo regular eran mentiras o información tergiversada pero la difusión de estas empieza a ser cada vez más grande con la llegada de la televisión. Va desapareciendo los secretos y ser víctima de cotilleo se convierte en signo de estatus social. .

Por otro lado tenemos al incipiente del pueblo, una persona que carecía de habilidades físicas y/o mentales que frecuentaba los bares para que le pagaran la bebida a cambio de hacer el ridículo. El incipiente llevaba a cabo todo este guío a propósito para tener un espacio para exhibirse. Este mimo fenómeno se repite en el presente pero ahora lo vemos en programas como Laura en América o Ventaneando.

La evolución de estos dos fenómenos a causa de las nuevas tecnologías (principalmente medios de comunicación) ha facilitado la pérdida de la privacidad. Ser famoso se convierte en un referente para muchos, las personas dejan de preocuparse por cuidar su privacidad y la convierten en un producto más, el cual puede ser intercambiado por información, dinero o hasta por “likes”.

Con tal se ser famoso las personas son capaces de hacer público cualquier detalle de su vida, por absurdo que este sea. Desde una pela amorosa, hasta subir fotografías su desayuno se vuelven objeto de noticia no solo por las ganas de ser exhibidos sino porque del otro lado haya un grupo de personas saciando su voyerismo.

Esta pérdida puede llevarnos a tener problemas, la extorción, robo y el secuestro son delitos que pueden llevarse son algunos ejemplos más inmediatos. Las personas pueden ser víctimas y ni siquiera protestar porque fueron ellos mismo lo que se han puesto en riesgo. Umberto propone la educación sobre la importancia de la intimidad propia y ajena como un medio para detener este fenómeno que además está atropellando a la sociedad haciéndola creer que qué ya nada pude ser privado.

Ciencia, tecnología y magia

El uso cotidiano de la tecnología hace que nos acostumbremos a ella, hace difícil pensar un mundo en el que no haya reproductores de MP3, videojuegos, jet lag, computadoras o teléfonos celulares, sin olvidar los medicamentos, refrigeradores y automóviles, que son objetos que han facilitado y acelerado nuestra forma de vivir.

Al mismo tiempo parece ser que en el imaginario social ciencia y tecnología son lo mismo gracias a los medios de comunicación y a que la tecnología (la aplicación de la ciencia) es la más divulgada con el objetivo de producir dinero.

La rapidez junto con la practicidad que nos ofrecen las nuevas tecnologías nos ha segado de muchos procesos, que al presionar un botón, girar una manija o jalar alguna palanca para echar a andar algún aparato produce que pensemos mágicamente. No nos preguntamos cómo funciona un horno de microondas, metemos nuestra comida, esperamos unos cuantos segundos y como arte de magia lo que era comida congelada se convierte en alimento. Al olvidarnos de averiguar cómo funciona la tecnología que utilizamos regresamos a pensar supersticiosamente, los médicos regresan a ser chamanes que hacen entrega de misteriosas capsulas que alivian cualquier dolor casi de inmediato.

De nuevo “la culpa” es repartido, los medios de comunicación por no hacer una correcta divulgación de la ciencia, la misma ciencia al prostituirse al mejor postor, el sistema educativo por dar información no confirmada o falsa y la población en general por ser indiferente. Entonces es tarea de todos cambiar esta forma de ver a la tecnología y alejar a la magia como forma de conocimiento que solo provoca que todo cada descubrimiento sea algo imposible de confirmar y no dejaros impresionar por cada oración que viene acompañada de un “se ha comprobado científicamente que…” porque de ese modo solo convertimos a los científicos en magos que producen nuevos trucos. No hay que dejar de preguntar y no hay que dejarnos convencer tan fácilmente.

Lipovetsky, G. (2006): La sociedad de hiperconsumo; Las tres edades del capitalismo; Más allá del <>: el consumo emocional; Consumo, tiempo y juego en La felicidad paradójica, Barcelona, Anagrama, 2007, 19-68.

LAS TRES EDADES DEL CAPITALISMO DE CONSUMO

El capitalismo de consumo, en el cual las redes ferroviarias son indispensables ya que posibilitan el mercado en grandes distancias, sumado a eso, la invención de grandes máquinas trae consigo producciones estandarizadas, que se empacan de manera pequeña, con una marca y pueden venderse a escala nacional.

Como todo cambio, y con la entrada del capitalismo en su primera fase, se hace una erradicación de la vieja sociedad de consumo para dar paso a la sociedad de las redes y el capitalismo informático. En este nuevo punto, el consumidor deambula por los grandes centros comerciales, compra marcas internacionales, es un consumidor de tercer tipo, que compra marcas y no espera beneficios sino ofertas.

La fase I del consumismo brinda estatus al comprador, se ve como un lujo comprar productos de nueva era, no sólo se trataba de comprar por comprar, sino de comprar una marca y mientras mayor sea su prestigio mejor, transformando al comprador en alguien moderno, aquel que compra marcas, no productos.

Esta fase creo el consumo- seducción, consumo- distracción, esto con el nacimiento de los grandes almacenes que en un comienzo se crean para erradicar el regateo tan antiguo, y por otro lado también con el fin de crear en el comprador un sentimiento de necesidad de compra y de comodidad, con sus diseños monumentales y lujosos, algo así como el palacio de hierro.

Posteriormente con la segunda fase se toma en cuenta la lógica de la cantidad, y la segmentación por edades de los diversos compradores, llegando a tomar en cuenta la cantidad de productos que salían a mercado, y la cantidad de compradores, que creció cada vez más debido a la disminución de los gastos relacionados con necesidades básicas, a la creación de las compras a crédito y al abaratamiento de los productos.

Esta segunda fase va dirigida a las nuevas generaciones, a los jóvenes, se forma una brecha de edades que toma en cuenta lo que está de moda, con una visión muy a futuro, esto se nota en la manera que quieren romper las reglas del pasado, queriendo implementar nuevas maneras, por decirlo de otra manera, nuevas modas, nuevas maneras de ver el mundo, de una manera completamente masificada, que solo piensa en cantidad y no en calidad, para la que solo valen los datos cuantitativos igual que para las empresas.

Durante la fase III todo tipo de venta se vuelve individual, nada personalizado y se busca que el cliente se sienta libre, móvil y menos atado a los otros, por ejemplo, en nuestra época con un teléfono inteligente, cada vez necesitamos menos del otro porque todo lo tenemos en un solo lugar, al alcance de los dedos, no es necesario siquiera preguntar una dirección porque el teléfono la busca por ti, y es mucho menos necesario ostentar cosas para presumir de una clase social, de un rango, en este punto se compra por adquirir no por lucir.

Lo que vende en esta fase ya no es la marca, sino el estilo de vida que te puede brindar el consumir productos de esa marca, todo se torna más emocional, algo así como los comerciales de refresco que explícitamente enseñan que las personas que los consumen son aquellas felices buenas personas que ayudan a cuanto individuo ven pasar, un producto que no se sabe conectar con el comprador no deja ganancias y por ende probablemente salga del mercado o cambie su estrategia mercadotécnica. En resumidas palabras, lo que importa es la marca como tal, preferir ropa, zapatos, tenis extranjeros de renombre a cosas chinas o productos nacionales, sólo porque estos últimos no tienen bonita publicidad.

Por otro lado, al consumidor de esta fase le preocupa la salud, por lo tanto compra seguros de vida, enfermedades, medicamentos, contrata médicos, especialistas, le preocupa tanto su salud que en cuanto sale una nueva enfermedad se manda a hacer estudios para asegurar que no está enfermo, que por ende puede seguir con su vida de consumidor pasivo con potencial de comprar cualquier cosa que ponga en peligro su vida, algo así como un “me duele la cara de ser tan guapo que puede matarme”, el nuevo consumidor no tiene miramientos si de salud se trata, porque lo que importa en estos momentos es tener vida para consumir todos los artículos nuevos que salgan al mercado.

Pero así como salud el comprador de la tercera fase busca que el producto divierta, que lo haga sentir joven una y mil veces, que le evoque cosas de la infancia o juventud, esto porque es feo envejecer, así que más vale una mente joven en un cuerpo viejo a ser todo un adefesio, todo lo que se busca en esta fase es brindar entretenimiento junto con el producto, ya sean juegos televisados, o fuera de un supermercado, lo que importa es ya no tanto vender al por mayor, sino también entretener para mantener al cliente fiel a la marca, y no solo las empresas mercantiles entran al juego, también como ya se dijo los centros de distribución con su ambientación juegan un papel fundamental en las personas.

Para cerrar cabe señalar que durante estas tres fases no ha habido un cierre total entre una y otra, sino que han ido evolucionando, hoy en día, como hace años nos venden marcas, no productos, nos venden prestigio, y por ende nos brindan emociones efímeras que en cuanto de diluyen nos llevan a volver al mismo circulo de compra.

Verdú, V. (2003) La vida en las pantallas. Barcelona. Anagrama.

LA VIDA EN LAS PANTALLAS POR VICENTE VERDÚ

Todos mienten y sabemos que mienten. El actor revolucionario era aquel que incidía sobre la realidad para transformarla, pero ahora los nuevos artistas revolucionarios, que se llamaron a sí mismos “hackers de lo real”.

“Desvío la realidad – decía el artista hacker Gianni Motti – como los políticos desvían fondos.” Los autores del atentado a las Torres Gemelas fijaron su ataque a una hora en que el terror pudiera ser transmitido en directo por los telediarios matutinos de América. Desde el impacto del Boeing 767-300 en la torre norte,  a las 8:45, discurrieron 18 minutos. Un lapso que los terroristas estimaron razonable para que las cámaras de la CNN emitieran, “en vivo”, la segunda llamarada. Luis Rojas Marcos, presidente del Sistema de Sanidad y Hospitales públicos de Nueva York, testigo presencial del suceso, dio cuenta de ese efecto des-realizador en su libro Más allá del 11 de septiembre (2002) diciendo: “por unos segundos creí que me encontraba en Hollywood.”

Lo retransmitido alcanza el estatus de axioma siendo, entonces,  la realidad su espejo. La catástrofe se desprende de sus raíces para comparecer en la televisión. Para hacerse real en la televisión, ya que sólo en el doble, en la repetición de la imagen del suceso, se captura el suceso. Antes, en su instantaneidad, el suceso fue irreal, la televisión se constituye en una realidad que funciona siempre ajena a las críticas de los espectadores,  impenetrable a las protestas, invariable a los cambios de dirección puesto que ella posee su propio reino, su moral y su destino autónomos.

Consecuencia de su mismo régimen interno, en la televisión nada puede ser demasiado trágico ni subversivo. La vida resultara así “un cuento contado por un idiota… y que no significa nada”. Son distracción. Lo que, de otra parte, este mundo obtiene articulación al traducirse en espectáculo. Mediados de continuo por las pantallas, vivimos así protegidos por los medios y, ¿Cómo no?, mitad drama, mitad distracción, mitad realidad, mitad ficción.

Otro ejemplo, en vísperas de la guerra contra Irak, fue el que se derivó de la personalidad de Martin Sheen, activo pacifista e interprete, a la vez,, del presidente Jed Bartlet en una popular serie de televisión, The west Wing (el ala oeste de la Casablanca). Jed Bartlet, representante de lo mejor de los valores liberales y la cultura democrática norteamericana, obtenía mayores cuotas de aprobación que Al Gore o Bush. Time la describió como “una lección de educación cívica nacional”. Sin embargo, al manifestarse Martin Sheen contra la guerra de Irak, la dirección de la NBC discutió sobre la conveniencia de cancelar el programa. Pero “en realidad”, ¿Qué tenía que ver un personaje de la ficción? Prácticamente todo. En la actualidad no son únicamente las historias reales las que se convierten en temas de ficción, sino que los personajes ficticios dan lugar también a personajes “reales”. Lara Croft, heroína de seis juegos de video, fue la primera actriz virtual que figura en el casting de una agencia de actores, junto a Jennifer Aniston y Geena Davis, y sobre la cual decía su agente, Elie Dekel: “Lara Croft representa una personalidad dinámica y un tipo de cliente totalmente nuevo en nuestro oficio.” ¿Disputaran, pues, los actores virtuales el trabajo a los de carne y hueso? ¿Interactuaran?

Lo importante sin embargo de la ficción actual es que el artificio tiene a conmutarse con lo real. Es el mencionado caso de Simone, una modelo que reemplaza a la modelo de carne y hueso Rachel Roberts; como si, “en realidad”, no existiera Rachel Roberts. Simone se presentaba en la publicidad de la película como un producto virtual y el escándalo sobrevino al conocerse que se trataba de una actriz verdadera. El público que se quejó de una estafa que consistía, paradójicamente, en haber ofrecido lo autentico en lugar de lo falso. Hasta hace poco, el actor “encarnaba” al personaje.

Javier Echeverría (1999) habla de la ambigua realidad que se crean los medios y la llama “el tercer entorno”, de manera que, en el principio, habrá un entorno natural (primer entorno), a continuación creció un entorno cultural y social cuyas formas canónicas son los pueblos y las ciudades (segundo entorno) y, ahora, imperaría un tercer entorno donde los medios de comunicación (el teléfono, la radio, la televisión, las redes telemáticas, los multimedia) deciden qué es real y qué no lo es. Porque, no somos ya nosotros quienes vemos a los medios, sino ellos los que nos contemplan y nos certifican. El video da vida.

¿Quién puede dudar que con la proliferación de la tele-realidad, de la “programación de la realidad”, de la “realidad formateada”, se está construyendo una sociedad alternativa?

Somos así más vivientes al hacernos imágenes: “imaginándonos”.

Las gentes más comunes se afanan por aparecer en las pantallas, llegar a ser televisadas, otorgar valor a su vida, conferirle el necesario soporte escénico porque sin esa convalidación la vida se vela. La grabación en la cima denota mayor categoría real. O bien: sin instrumentos de ficción no hay encantamiento, no hay objeto de fascinación ni espectadores y sin espectadores la escena se apaga. ¿Vivir sólo para sí? ¿Sujeto de sí? ¿En qué se diferencia del suicidio?

Marcas de amor

También las marcas nos dan vida. El sistema prospera en un entorno poblado de marcas, pero hasta la misma naturaleza, sus colores, sus perfiles, sus fragancias, está pasando a ser “marcada”. Se plantea el bucle de una ola, la figura de la cristalización del agua, la cumbre nevada, el sabor a menta, el azul del Egeo, para que cuando reaparezca alguno de estos elementos, luzca la imagen de marca.

Daniel Boorstin (1987) dice respecto a la publicidad de marcas que los norteamericanos viven ya, gracias a ella, “en un mundo donde la fantasía es más real que la realidad”. “podemos acaso hacer nuestras ilusiones tan vividas y persuasivas, tan ‘realísticas’ que vivamos en ellas.” No trata de exagerar. Revistas para jóvenes han llegado a convertirse en catálogos de marcas y los catálogos en revistas de actualidad. Esta clase de productos impresos ha recibido el nombre de magalog, un cruce entre magazine y el catalogo.

Ya no decimos que usamos un pañuelo de papel sino, un Kleenex.

En las películas o en los telefilmes es frecuente el product placement que hace aparecer a las marcas como parte de la escena, pero ahora también las marcas suenan en los videoclips, en las letras de las canciones y dentro de los videojuegos. Publicidad “encubierta” la aparición de una marca en una descripción de lo real es un contrasentido porque sería la realidad da encubierta en el caso de no dar su nombre.

Una marca es más que una cosa. Una no-thing. Una no-cosa que se convierte por sublimación en estilo, ideología, creencia. El producto puede variar pero la marca podrá persistir puesto que ella se comporta como un matrix que ha llegado a formarse en la interrelación del producto y sus consumidores y que actúa como territorio simbólico. El anuncio de Kas preguntando “¿Y tú de quien eres?” constituye un tosco vestigio del capitalismo de consumo. “En un mundo cada vez más globalizado, no está de más reivindicar tu individualidad”. Dicen los creativos de Lexus. “Nadie dicta tu moda”, afirman los almacenes C&A. “No imites, innova”, aconseja Hugo Boss.

El anuncio moderno no induce a consumir este producto, sólo da a entender y procura, de paso, ser agradable. Lo importante no es ya tanto la mercancía como la idea que incorpora. “esto no es un automóvil –dice Volvo-. Es una ideología.” “Apple is not about bytes and boxes, it is about values” (Apple no trata de bytes y cajas sino sobre valores), dice su creador, Steve Jobs.
Lo decisivo, en fin, no es el articulo sino la cosmología de la marca.  (La marca no es parte de su negocio. Es su negocio), dice el experto en marketing Daryl Travis (2000). Diesel dice que el amor es ahora patrocinio suyo, “Love is now sponsored by Diesel”.
Las grandes marcas sirven artículos mas caros que los genéricos, pero acaparan hasta un 23% de las ventas totales gracias a que su logo confiere un plus inmaterial que revaloriza incalculablemente las cosas.

El capitalismo de producción trataba de exprimir nuestras fuerzas físicas sin importarle el dolor, el capitalismo de consumo trataba de exprimir nuestros sueños sin ocuparse de nuestros desvelos, pero el capitalismo de ficción hace su negocio procurando mirarnos. “The purpose of a business is to create a customer and to satisfy a customer”, dice Daryl Travis (2000), crear un cliente y dar satisfaccion al cliente, formar una criatura y hacerla dichosa.

Museos exultantes

El fenómeno de los nuevos museos representa algo más. “la producción del monumento”. Tres de las mayores instituciones de Estados Unidos –el Metropolitan de Nueva York, el Museum of Arts de Filadelfia y el Art Institute de Chicago- funcionan desde hace años con una dirección bicéfala, artística y empresarial; los directivos de las corporaciones patrocinadoras se an vuelto tan exigentes que no confían en un intelectual, por notable o genial que sea, sino que demandan también, en el equipo directivo, la figura de un gestor.

Heinz Lunzer en el 2002 declaraba que “La actual situación –funcionamiento como empresa privada- del  Museo de Historia del Arte, del Museo de Artes Plásticas, de la Biblioteca Nacional, del Teatro de la Ópera de Viena representa una catástrofe cultural”.  “Que los directores de museos se conviertan en gerentes de empresa puede resultar divertido y hasta sexy, pero no tiene ningún sentido”, añadió Peter Noever. Asimismo, Lorand Hegyi, sentenció: “Esta nueva estrategia cultural sólo puede conducir a Disneylandia”.

En el Holocaust Museum de Washington el público recibe a la entrada una tarjeta de identidad con el nombre de un determinado judío recluido en un campo de exterminio.

Los museos mostraban hasta ahora sus colecciones respetando tres cánones fundamentales: uno era el de exponer las obras cronológicamente, otro el de agruparlas por escuelas y el tercero seguir movimientos y estilos. La Tate Modern de Londres, no obstante, ha ofrecido su fondo repartido en cuatro tipos de géneros (la vida cotidiana, el paisaje, el cuerpo, la sociedad) y no separa por épocas o por estilo: sólo distingue por temas que considera de interés para el gran público.

El museo no es ya la realidad que era, sino una nueva producción. No es la memoria del pasado sino un presente divertido, no es educación sino distracción, no sobrevive gracias a la cultura profunda sino a la cultura pop o e negocio a secas. Gilbert Edelson, reveló que no pocos museos cobran actualmente comisiones por la venta de los cuadros que exponen procedentes de colecciones particulares. “Cada vez más museos –dijo- operan como galerías privadas. Estamos contentos de poder dar la bienvenida a los museos desde las filas de los dealers.”

Creación o producción

En un tiempo el artista era Dios. Tenía la consideración de un ser con facultades mágicas que le izaban por encima del resto de los mortales entregados a cualquier otra dedicación. Mientras los ciudadanos iban a trabajar, el artista se dirigía a crear, mientras los demás trabajadores tenían ideas, el artista gozaba de inspiración, mientras el común de los mortales adquiría conocimientos, el artista recibía visiones. Todos morían, pero el artista poseía el don de llegar a inmortalizarse; los demás fabricaban productos pero el artista lograba portentos.

El escritor, el escultor, el artista, en fin, era una suerte de poseído por lo más alto y pudo presumir de ser algo único y distinto. Se vistió, en consecuencia, con ropa estrafalaria y se le permitieron delirios sin recibir el castigo de ser internado. Ahora todo esto ha pasado. E l artista que hoy se disfraza de artista denota que es un fracasado. Por el contrario, los verdaderos triunfadores van con jersey y vaqueros, sin buscar llamar la atención porque el patrón de valor del genio se mide en millones de dólares y los millonarios de hoy, como Bill Gates, compran su ropa en Gap o en Zara. En suma, los grandes artistas se confunden con los hombres de negocios y los hombres de negocios son los artistas. Poco a poco los antiguos creadores han pasado de demiurgos a profesionales, de lo áulico a lo productivo y de lo celestial a lo profano. De el verdadero artista se espera hoy que sea un animador del mundo y no un endiosado ni un tarambana. Se espera que posea imaginación sin necesidad de llamarla inspiración y basta con que nos estimule sin voluntad de redimirnos. Por su parte, el artista se conforma con que se le ocurra algo para lograr no una obra maestra sino producir noticia, y su papel en este mundo se alinea al lado de otros especialistas en la industria de la distracción.

El histórico fin del artista-creador sobrevuela desde hace tiempo en la industria del disco y del libro porque los creativos, los ejecutivos y los analistas de mercados pululan por todas partes. En general, dentro o fuera de Estados Unidos, cuanto más dinero hay en juego, más participan los empresarios y menos las genialidades de los músicos, los escritores o los guionistas. Grupos de ejecutivos de las grandes edito-riales, de las productoras de televisión, de las compañías cinematográficas asisten hoy a cursos sobre estructura narrativa, ritmos de acción o técnicas fáticas para satisfacer el gusto del público y, a partir de lo aprendido, revisan e introducen variaciones en las obras que se les pro-ponen. Los guionistas, los escritores, los compositores se resisten al principio pero, casi todos, acaban plegándose después ante la complejidad de la estructura y el turbión de las recompensas.

Las casas de diseño, los sellos discográficos, los gran-des conglomerados multimedia cultivan patrullas de “rastreadores de estilo”, cool hunters, que informan, desde los patios de los institutos, los centros comerciales, las discotecas o los barrios, sobre aquello que podría interesar a la población porque pocas cosas se hacen hoy sin preguntar antes. Se pregunta desde las empresas antes de lanzar sus mercancías y se interroga desde los partidos antes de redactar sus programas electorales. Pero, además, pocas novedades surgen como consecuencia de una idea individual. Telefilmes de éxito, películas, canciones y edificios no proceden, como solía ocurrir, de un autor único trabajando a solas. La actividad artística se ha apoyado a lo largo de la modernidad en dos pilares maestros: la ambición de obtener nuevos conocimientos y el afán por comunicar con los demás. Las vanguardias se concentraban en explorar nuevos mundos y celebraban haberlos hallado cuando provocaban estupefacción. Precisamente la preocupación de las vanguardias no era la comunicación, sino que actuaban muy deliberadamente contra el fácil entendimiento del público. Los militantes de las vanguardias alardeaban de ver más allá, en consecuencia con la posición encimada del artista. Veían aquello que los demás no podían ver y eran, desde todos los puntos de vista, profetas. ¿Cómo extrañarse de no ser entendidos?

Numerosos profesionales de la física opinan que ha concluido la fase del descubrimiento básico y lo que resta son derivaciones, más o menos importantes, de los fundamentos obtenidos. Con ese espíritu del tiempo, los artistas, los escritores, los realizadores de cine, raramente se empeñan en extraer conocimientos relevantes, más bien se felicitan cuando logra reelaborar atractivamente lo sabido y consiguen, sobre todo, comunicarlo bien. Ser hoy un incomprendido no aumenta la talla de los autores sino que consigue acabar con ellos. Lo raro sólo vale a condición de convertirse en noticia o, en volverse objeto comercial de la industria de la información.

Lo aceptado, lo celebrado extensamente remite a la idea del triunfo democrático y el autor sea ser un demócrata antes que nada; ser aplaudido y no pateado, miembro asentado en el corazón social y no un outsider.

Hay excepciones, hay artistas geniales y “extraños”, pero puesto que los más diferentes estilos pueden convivir ahora simultáneamente, desde el minimalismo de Dan Flavin o Morris a la arquitectura tecnológica de Roger, desde la estética Kinari de Tadao Ando a las sillas Mendini, lo que importa, en caso de pretenderse distinto, es traducirse en suceso mediático.

Las vanguardias, cuando provocaban, recibían castigo. Ahora se gana la primera pagina.

Se presenta una obra maestra fotográfica más de Chris Ofili que representaba a una Virgen María pintada con excrementos de elefante y rodeada por una constelación de vulvas.  A su lado, Mat Collishaw ofrecía un cráneo destrozado y sangrante en un lecho de greñas con el titulo de Agujero de bala en una cabeza, y Ron Mueck representaba al padre de artista, desnudo, amarillo y abatido sobre una alfombra: Papá muerto. Otras aportaciones fueron la cabeza de un buey profusamente agusanada y el secretante interior intestinal de un cerdo.
Como consecuencia, a la muestra acudieron más personas que en los ciento setenta y cinco años de existencia del centro.

El escritor, el novelista, el pintor, el poeta se presentaban antes como almas heridas por la abominable actualidad de su tiempo, ahora su mayor lamento es no ser incluidos en los telediarios.

Una de las corrientes artísticas durante estos años ha sido notablemente el denominado abject art, donde el cuerpo es humillado, quebrantado y profanado (anna Maria Guasch, 2000), y en la música ha triunfado la electroclash, que es un protuberante tecno-pop cutre con espíritu punky.

Generalmente el arte joven no es muy bueno –dice el pintor Antonio Murado (Revista de Occidente, febrero de 2000)-, pero tiene un enorme potencial de entretenimiento y escándalo; es un acontecimiento social de ocio en el que el público hace colas para entrar como las hace en un parque de atracciones.

Todo se una en la cinta continua de una sociedad hambrienta de impactos. ¿Arte de verdad? La idea de arte hace tiempo que fue despedida de la escena, no importa si muchos críticos, defendiendo su oficio, simulen que todavía existe. Una vez que, desde Duchamp, Dadá, Beuys o Andy Warhol, el arte puede ser cualquier cosa, ¿Qué importa lo que sea? Si la columna no llega al techo, ¿Qué importancia presenta su altura?

La estetizacion del propio cuerpo mediante fármacos, intervenciones quirúrgicas, trasplantes llegar al extremo de rediseñar la vida creando, gracias a la manipulación genética, nuevos seres “con encanto”. J. Craig Venter y su sociedad Calera Genomics constituyen los primeros ingenieros-artistas de la vida.

Venter con la colaboración del premio Nobel de biología Hamilton O. Smith, planea utilizar un prestamos de tres millones de dólares del Gobierno estadounidense para crear organismos que produzcan hidrogeno como carburante o que reduzcan las emisiones de carbono en las centrales eléctricas. Pero, la utilización de la biotecnología como una forma artística se ha manifestado en las actuaciones del norteamericano Eduardo Kac, que en una extensión del arte conceptual encargó a un grupo de genetistas franceses la “producción” de un conejo transgénico llamado Alba, con un gen fluorecente proveniente del código biológico de una medusa. Alba, el conejo que resplandece, es considerado hoy un ejemplo del arte genético que ya se ha puesto en práctica repetidamente a través de las recombinaciones del ADN en insectos, reptiles o mamíferos. Como refrendo a estas “obras de arte” dentro del proceso biológico, la curator del Whitney Museum of American Art, Thelma Golden, declaraba en 2002 que “estamos asistiendo al nacimiento de un nuevo artista, el artista-científico-investigador”. Todos, pues, artistas: el biólogo, el arquitecti, el publicitario, el hacker, el empresario; incluso el artista.

Si el ciudadano en el viejo capitalismo de producción era, “sobre todo”, un consumidor de signos, el sujeto del actual capitalismo de ficción es, eminentemente, un consumidor de formas. El autor se convierte en un productor más, al lado de los demás obreros de la estética.

Baudelaire llamaba al arte “los domingos de la vida”, los intervalos en que la experiencia estética convierte al tiempo común en fiesta. El resultado ahora es que siempre puede ser domingo: los comercios abren veinticuatro horas sobre veinticuatro, siete días a la semana, toda la existencia, para tratar de “divertirnos hasta morir”. “Cuando todas las obras son bellas –decía Warhol-, no tengo que escoger; todas las obras contemporáneas valen.” Cuando el arte está por todas partes, en cualquier recinto y objeto, todo el mundo, el mismo mundo, tiene la oportunidad de ser genial.

Moda o ideología

Según Mario Perniola, en nuestros días se juntan dos grandes tendencias estéticas: una encaminada a la celebración de la apariencia de lo real. La primera ha encontrado un aliado en los medios de comunicación de masas y es la tendencia que se corresponde con la benévola estetizacion general del mundo. La segunda opción se recrea, en la excavación o la pornografía del dolor. Ésta sería la corriente correspondiente del abject art, al “arte poshumano” (Jeffrey Deitch), “arte traumático” (Hal Foster) o “arte psicótico” (Mario Perniola).

Desde los noventa, lo sucio, lo pardusco, lo desgarrado ha ocupado un lugar sobresaliente en los escenarios del gusto (es terrible decirlo, pero a menudo la ropa más atractiva es la de la gente más pobre), declaraban Christian Lacroix en Vogue. ¿Terrible decirlo? Unos años han pasado para que en Francia aparecieran, en agosto de 2002, camisetas de moda estampadas con letras doradas enfatizando la pertenencia a distritos míseros, marginales, canallas, que portaban con orgullo los jóvenes de barriada.

La indigencia es el modelo y no para denunciar su injusticia, sino para reciclar en valor estético su podredumbre.

El desequilibrio, la fealdad, la basura y la catástrofe son imágenes con las que el capitalismo de ficción ha llenado el arte y la moda. “Las formas catastróficas –ha escrito Luis Fernández-Galiano, catedrático de Proyectos en la Escuela de Arquitectura de Madrid- se justifican con frecuencia remitiéndolas a la quiebra contemporánea del universo newtoniano y el paradigma mecanicista. En una amalgama confusa se mezclan… rizomas y fractales que decoran camisetas y revistas de arquitectura, dormitorios de estudiantes y tablero de concursos, bares de moda y tesis doctorales” (El País, 24 de diciembre de 1999).

Tanto lo bello como lo feo son categorías serias, pero lo feo gana en la moda, una supermirada chic que agrega un suplemento de irrealidad de lujo. Se presenta feo lo que podría hacerse de otro modo, pero se hace feo para acentuar la noción perversa, la part du diable: lo bello –como lo nuevo­- siempre sería más soso.

Lo feo como la cara maldita de la belleza se hace un insignia de la transgresión. Una seña que, dentro de la moda, no es indicio del mal insoportable sino precisamente una dosis exquisita de mal para degustar,  nuevas ediciones de la belleza desprendidas de la seguridad, la excelencia o la variedad.

Martin Margiela empezó a ser famoso en el campo de la moda tras presentar su colección de primavera-verano 1992 con materiales de desecho, en un siniestro almacén del Ejército de Salvación. Su trabajo, decían los folletos, pretendía ser un diálogo entre el pasado y el futuro, entre los que vestían los vagabundos y desearían usar los ricos, una vez que, en el extremo de la degustación, lo más cotizado fuera el sabor a podrido. Margiela declaraba: “Creo que todo el mundo debe mantenerse alerta estos días. La moda en cuanto lujo es redundante y debe ser definitivamente reemplazada por una nueva realidad.” ¿Qué realidad?

Muchos de los mejores fotógrafos de moda se han mostrado de acuerdo en que lo importante de sus fotos no es despertar un deseo hacia la ropa que se viste –como en los dulces días de Chanel-, sino crear una actitud que desequilibre, excite, produzca repulsión o consterne, para lo cual suele elegir sedes inmundas o las esquinas más ignominiosas como escenario de sus obras.

¿Se convertía entonces la pasarela en un suerte de panfleto? ¿Dejaba la moda en ese momento de ser banal? Claro que no: de esa manera los fotógrafos tomaron diez veces más instantáneas que en la presentación de una colección regular y en ello acabó el destino de su soflama.

La denuncia se reciclaba en sensación, el desfile en suceso y la colección en noticia de primera plana. Consternar mediante el espectáculo, crear suceso mediante la repulsión y el estrago ha sido la práctica más repetida de los jóvenes artistas británicos, pero tanto como hicieron aquellos pintores hacen estos diseñadores.

Con una diferencia: mientras los artistas apenas crean objetos estéticos, los diseñadores de moda patrocinan incluso estilos de vida. Se trata, en definitiva, de que la moda vaya pasando sin que pase nada y que el tiempo, expurgado de peligro, se convierta en temporada.

Hasta los años sesenta el mundo de la moda fue apenas un apéndice de lo social, pero actualmente la moda se halla en todas partes, desde la ciencia a la manera de guisar. En la revista Neo2 (abril de 2001) un texto firmado por Montgomery decía en nombre de su generación de veinteañeros: “todo en nuestra vida es provisional… No nos identificamos con ninguna ideología. No tenemos ni idea de geografía. [Pero] Nos importa el estilo.” Siendo el estilo ahora mucho más de lo que fue. Siendo el estilo hoy el simulacro de la creencia dentro de un mundo plenamente diseñado. El aroma sexy de la posmodernidad tras haberse evaporado la espesura de la convicción y sus deberes.

Van Doren, Ch. (1991): El siglo XX: Ciencia y tecnología en Breve historia del saber, Barcelona, Planeta, 2006, 459-504.

EL SIGLO XX: CIENCIA Y TECNOLOGÍA

En cuanto al primer apartado trata la historia de la teoría atómica, comenzando con los griegos; durante esta época y un tanto insatisfechos con las teorías que atribuían todo a una fuerza invisible y superior, nace la teoría atomista que dice que mientras más pequeño se divide algo, más neutro se vuelve ese nuevo pedazo de materia, al llegar al punto del  no retorno, ya no habrá más divisiones, se forma una unidad pequeñísima llamada átomo.

Con el paso del tiempo y la posterior cristianización de las teorías todo esto quedó relegado, pero con su posterior recuperación, se cambió un poco la teoría, ya que Amadeo Avogadro hizo un nuevo  descubrimiento, el átomo no era indivisible, si se seguía dividiendo llegaban las moléculas y luego partículas más y más pequeñas, sin que se encuentre el fin aun.

Por otro lado, la energía producida por la masa y su velocidad, es un descubrimiento hecho por Albert Einstein, que como todo científico antes de ser famoso, publico cuatro ensayos  que lo llevarían a ser un científico muy conocido. El primero explicando el movimiento de pequeñas partículas suspendidas en líquido, llamado Browniano. El segundo, acerca de la composición de la luz, los fotones, que a veces se comportan como ondas y otras como partículas, poniendo fin a este debate. El tercero, con el cual alcanzo fama mundial, de la teoría de la relatividad especial, en que se dice que la velocidad y el movimiento son relativos al observador del fenómeno; su continuación la teoría de la relatividad general, en la que se postuló que la gravedad es una curvatura espacio-temporal y no una fuerza. Su cuarto ensayo refiere a su famosa formula, que a grandes rasgos concluye que una pequeña porción de materia contiene una gran cantidad de energía.

Este último descubrimiento trajo consigo uno de los mayores avances en la ciencia, la fisión de átomos, pero  también traería uno de los peores eventos en la humanidad, el bombardeo a Hiroshima, ya que se arraso con muchas vidas, se contamino enormemente la Tierra y sobre todo se dio pauta para que salieran nuevos experimentos como la bomba termonuclear que se basa en la fusión de átomos; lo que nos hace pensar hasta qué punto la ciencia verdaderamente es ocupada para el bien no tanto de la humanidad, sino de todo el planeta, y hasta qué punto tantos avances han servido para intereses oscuros de unos cuantos.

El segundo apartado acerca de la vida, comienza con el ADN y los genes que son secciones del ADN y el principio de la herencia descubierto por Mendel y su trabajo con plantas de chícharo; todos estos descubrimientos, en adición a lo que postuló Aristóteles acerca de que los padres transmiten información al embrión y esto permite que no se tenga descendencia diferente a la que uno pertenece, dieron las bases para la genética moderna.

Sumado a lo anterior un buen punto para tomar en cuenta acerca de este apartado es la clonación y la extracción de partes del ADN que puedan traer consigo enfermedades, para muchos, que se hayan tenido todos  estos avances ha sido un paso muy grande, porque se podrán erradicar enfermedades hereditarias, o incluso tal vez mas adelante cambiar ciertos rasgos del bebe para que nazca al gusto de los padres, se podrán clonar animales en peligro extinción o cosas por el estilo, pero del otro lado se encuentran las personas que se oponen rotundamente ya que quien sabe que aberraciones se logren con todos estos avances o simplemente porque su religión así se los ha enseñado, esto tal vez por miedo al avance o por miedo a que pase algo tan catastrófico como los ataques con bombas nucleares.

Quien sabe antes sonaba de película que se lograran muchas cosas en cuanto a genética, como clonaciones o eventos parecidos, pero ahora son tan reales que parece que la ficción de hace veinte años nos está alcanzando e incluso está siendo superada por la realidad actual.

Nuestro siguiente apartado trata del universo y las galaxias, como postulo Einstein “el universo es finito pero carece de límites”, la galaxia más cercana, Andrómeda, se encuentra a miles de millones de kilómetros, siendo nuestra vecina, hace pensar que siendo parte de un sistema más grande que viaja por el universo jamás estamos en el mismo lugar, y que habitamos un planeta realmente pequeño en comparación con la negrura del espacio.

En cuanto al origen del universo, la teoría más aceptada es la del big bang, propuesta por Abbé Georges Lemaître, la cual postula que el universo en expansión fue originado por la explosión de un átomo primigenio, todo originado por una rápida expansión que no se origino en un lugar, sino en todo el espacio, altas temperaturas y materia, trajo consigo que al enfriarse lo suficiente se formaran los elementos con átomos más simples. Por otro lado, en cuanto a la expansión del universo, existen dos posturas diferentes, una que si la masa llega a un punto crítico comenzará a colapsar y contraerse sobre sí mismo; la otra postura, propone que si la masa es menor a su punto crítico el universo seguirá expandiéndose y los objetos estarán cada vez más separados, esto implicara que la oscuridad del universo también crecerá.

Continuando con el universo y las cosas que despierta en los seres humanos, era de esperarse que se emprendieran proyectos para salir del planeta, el mayor paso fue el dado por el Apollo XI y su tripulación, el primer paso en la luna, trayendo consigo muchos debates, de verdad se ha logrado salir de la atmosfera terrestre y llegar tan lejos o sólo es un punto más para tenernos tranquilos, eso sólo lo saben las personas implicadas en el suceso, lo único que se puede decir es que fue un gran paso el poder salir de la tan maltratada Tierra.

Prosiguiendo con la Tierra, dentro de ella, se dio una rebelión verde, que trata de restaurar un poco el frágil planeta, ya que por muchos años hemos creído que nada se acaba, estaremos aquí por siempre, y que la huella ecológica es sólo una invención, pero a estas alturas del partido, nos hemos dado cuenta de que el efecto invernadero por causa de quemar combustibles fósiles está trayendo consigo el calentamiento global y que mucha de la radiación solar que entra al planeta, no es capaz de liberarse por el exceso de dióxido de carbono que cada vez crece más en cantidad porque los arboles con que contamos no son suficientes para reabsorberlo y convertirlo en oxígeno, y como aún no existe un invento que nos ayude, no queda más que tratar de cuidar nuestro hogar.

Tal vez ambientalmente no hemos ayudado mucho, pero en cuanto a salud ha habido grandes avances, principalmente con la erradicación de muchas enfermedades que por años fueron mortales, ahora podemos vivir sin algunas enfermedades como la viruela, la tifoidea, poliomielitis, o incluso hemos tenido avances como la penicilina, aunque por otro lado han salido nuevas enfermedades a la luz pública igual de mortales como por ejemplo el sida, y otras no tan mortales como la andropausia masculina, esta última una invención de la industria farmacéutica para vender medicamentos.

Y con tantos avances en medicina igualmente se han hecho en la tecnología, con los ordenadores  analógicos, miden variables y datos, y los ordenadores digitales, hacen cálculos en sistema binario y no miden nada, estos últimos algunas veces son equiparados con la mente humana, aunque no son capaces de hacer tantas operaciones mentales como ésta, y aunque se ha tratado de imitar con la inteligencia artificial jamás ha sido igualada.

La evolución de los ordenadores ha tenido sus grandes avances, por ejemplo en cuanto a tamaño y procesamiento, de ser grandes aparatos ahora son tan pequeños como una tablet o un ipad, aunque con la creación de la computadora portátil o personal, se ha creado una gran dependencia hacia la tecnología, y una receptividad pasiva acerca de lo que recibimos, lo que ahora se teme no es tanto el punto pasado, sino que, al haber una guerra nuclear se caigan las redes de información  y quedemos completamente incomunicados.

Van Doren, Ch. (1991): El siglo XX: Ciencia y tecnología en Breve historia del saber, Barcelona, Planeta, 2006, 459-504.