Verdú, V. (2005): La época sin prestigio, La cultura sin culto y La formación sin información en Yo y tú, objetos de lujo, Barcelona, Debate, 13-56.

La interacción humana significa -por razón lógica y biológica- un estadio de conocimiento continuo sea para bien o para mal, para la autodestrucción o la supervivencia. Pero, ¿Cómo se ha visto afectada por la tecnología esta interacción a través de los años? Desde el homo habilis hasta el hombre (pos) moderno, ¿Cómo ha desembocado la comunicación humana a través de estos tantos miles de años?

Primeramente, imaginemos al homo habilis al crear por primera vez alguna herramienta; la interacción de éste con su medio y sus similares cambio totalmente a partir de haber creado lo que se haya creado primero… ya fuese una punta de flecha para desgarrar al rival o una especie de martillo.

Gergen apuntala en sus primeras páginas de su libro “el yo saturado”  que nuestra revelación ante la sociedad ha cambiado a partir de los monstruosos cambios tecnológicos, llevándonos, según él, cada vez más cerca al estado de saturación. Nunca antes en la historia del ser humano los estímulos sociales habían sido tan masivos.

El contraste que vemos ahora de hace 100 años es absurdamente increíble.  Si ponemos especial énfasis a la comunicación y su alteración a través de los años por consecuencia de la tecnología sabremos o indagaremos en que hace 100 años había una mejor coerción familiar. La familia solía reunirse con más frecuencia de lo que se aparenta hoy en día. Si llegaba una carta era provocación para pasar un tiempo de calidad con los seres amados. Ahora observamos como la consciencia familiar ha ido suprimiéndose desde hace ya unos varios años, las cartas no son motivo de unión familiar, tampoco de desunión pero, vamos, ¿Qué familia se junta hoy en día (especialmente desde hace más o menos una década con la llegada, globalización y comercialización de quizá el medio de comunicación más colosal que ha existido, el internet) para leer una carta de algún pariente lejano y de paso poder platicar sobre la vida de los demás? Lo cierto es, que ahora puede mirarse un correo hasta por el celular. Los avances tecnológicos de los últimos 100 años han dado pasos agigantados. Incluso el correo electrónico se está convirtiendo obsoleto a causa de sustitutos dentro de la misma Web, un caso claro, Facebook. Ahora se usa Facebook para todo, es un localizador, un diario, un tablón de anuncios, grupos abiertos para toda clase de gustos, e, incluso, como mensajería instantánea (otro ejemplo de este último punto, whatsapp, y aquí entra de nuevo mi argumento sobre lo obsoleto que se está haciendo el e-mail). La gente no ve la necesidad de estar pegado a su familiar cada que le llega un e-mail. De hecho, se cansarían… la saturación social a la que hemos llegado nos da como resultado mogollón de correos electrónicos, llenando las bandejas de entrada como si fuesen una plaga, contando el tan famoso SPAM.

Otro ejemplo claro de hace 100 años, los niños. Incluso hasta hace medio siglo se podían ver a niños jugando por ahí con pelotas, hace un siglo con sus juguetes de la época, podíamos ver a los niños como maquinas de energía desbordante, pero, ¿A dónde se ha ido esa fuente de energía inmensa? Sigue ahí pero, ¿de qué manera se está canalizando? El niño postmodernamente moderno canaliza toda esa energía, no en jugar saltar y romper una piñata, sino, en hacer que su madre le compre cierto videojuego y quedarse 5 horas frente a una pantalla jugando un videojuego donde la temática y la trama principal trata sobre piñatas. Ahora existen juegos para hacer aerobics, para simular un partido de los deportes predominantes, hasta juegos que te permiten volar un avión; ¿sería entonces una especie de ironía o paradoja el hecho de que los pilotos profesionales tengan simuladores de vuelo para practicar?

Esto nos da una concepción del yo más amplia; los actores pueden involucrarse fácilmente en distintas esferas de la vida (ya sea académica, laboral, personal, etc.) creando, así, una mezcla de las distintas esferas sociales. Pero, ¿quién nos asegura que todos los conceptos dentro de cada esfera perdurarán por siempre? ¿Cómo asegurar que esta mezcla de conceptos de cada persona no se confunde con los conceptos de las diferentes esferas sociales?

Como podemos ver, actualmente podemos sentir, saborear, olfatear y hasta escuchar los vestigios del romanticismo y el modernismo, pero, ¿es entonces el postmodernismo una época? Como bien sabemos, esto no es así que se haya dado en un momento específico no quiere decir que desde ahí se comenzó. El yo se ha visto afectado por estas diferentes corrientes ideológicas; mientras que actualmente podemos “degustar” más de una pareja a la vez, la visión romanticista creía fervientemente en el amor y el tener más de una pareja se veía como pecado sin absolución creando un aire más folclórico, mas amoroso y no tan sexual, más desenvuelto y menos rígido (para mí).

¿Pero, qué acontece con las concepciones y sus respectivas definiciones del yo? Pues, que no  pertenecen a la categoría de lo inmutable. La caracterización del yo ha sido diversa a través de la historia. Así, por ejemplo, podemos discernir la caracterización del yo en el siglo XVIII y la de ahora. Como menciona Gergen, antes no se tenía un sentido de maternidad o paternidad sobre los infantes como se tiene hoy en día, creando así, historias fabulosas como Hanzel y Gretel, por dar humor al texto.

La cultura es igualmente un factor decisivo en la auto concepción del yo. Digamos, el yo no es el mismo aquí y en China (literalmente, no lo menciono porque este “al otro lado del mundo”); la auto concepción del yo no es la misma aquí en México que en la China socialista; simplemente, el hecho de que no se pudiera crear arte o consumir algo que no fuese del estado o tener menos de media docena de cortes de cabello oficiales y permitidos por el gobierno, ya dice bastante sobre este factor crucial. El factor del lenguaje hace que los conceptos del yo cambien sin que a veces te des cuenta. Gergen tiene un (varios) punto(s) a su favor. Menciona algo muy cierto y es la introducción de palabras representativas del área de la salud mental. Un ejemplo claro y hermoso de esto es la concepción del yo hace siglos según el clero y hoy en día según la humanidad en general (trataré de tener extremo cuidado para no caer en contexto, platicas o debates controversiales); tomemos el vocabulario referido a la salud mental, tomemos, más específicamente, las palabras cleptomanía o esquizofrenia. En cualquiera de los dos casos hace siglos el yo se veía poseído por un demonio o un espíritu maligno o incluso hasta por una deidad. En el caso de la cleptomanía, espíritus malignos poseían el cuerpo de algún mortal para así hacer lo que hiciera lo que deseaba. Hoy se dice que más bien es un estado compulsivo generado por una gran ansiedad que no se quita sino hasta tener el objeto deseado, creando así, con reforzamiento positivo, una adicción a dicha acción.

Por último sólo nos queda aclarar un punto absoluto en cuanto a veracidad y confiabilidad… la concepción del yo se encuentra en constante cambio.

¿Realidad cibernética?

¿Realidad cibernética?

 

Las redes sociales contienen  la información públicamente privada  las cuales nos permiten estar en distintos lugares a la vez, un ejemplo de esto es la “perseverancia del pasado” (Gergen,1991)  es decir anteriormente una persona se marchaba a otro país  y eso implicaba la pérdida de la misma persona,  ahora con las redes sociales se accede rápidamente a Skype o Facebook y se puede tener una video conferencia, ver las fotos de la persona en cuestión y comentar sus “estados de ánimo en línea”, podemos ver donde se encuentra por medio de Fuorsquare o  su última conexión en Whatsapp, es decir estamos en una era de sobre comunicación y sobre localización, si se toma en cuenta que un 34.4 % de la población a nivel mundial  tiene acceso a internet  , predominando principalmente América del norte, Europa y Oceanía (Internet World Stats, 2013), no es de extrañarse que procesos sociales tales como la consolidación de una relación se vean acelerados por este fenómeno.

Con el nacimiento de internet pareciera que nacieron nuevas formas de comportamiento en la sociedad, ahora todo tiene un ciber por delante, “ciber amor”, “ciberbullying”, Cibermobing”, “cibersexo” y la lista sigue y sigue, antes los niños se molestaban en la escuela y no se veía como un problema nacional, se podía hablar de un profesor en la privacidad de la amistad ahora sin más  los alumnos lo publican vía redes sociales y los maestros los exponen  por las mismas como el caso de la maestra del CBTIS, Galindo (1998) sostiene que las redes sociales son parte de la reconceptualización y regeneración de la sociedad dentro y fuera del ciberespacio.

 

¿Por consiguiente se podría pensar en la reconceptualización de los procesos de salud- enfermedad? o ¿es simplemente la necesidad de la creación de nuevas enfermedades? Para la publicación del DSM-V se consideró la integración  de “adicción a internet” como patología debido a la modificación de la conducta en torno a ella, se tomaron en cuenta factores como : uso excesivo, abstinencia, tolerancia y repercusiones negativas (Consejo general de psicología en España,2008), pero que es lo que exactamente se considera ¿uso excesivo?, si tenemos una persona que por ejemplo es secretaria con una jornada laboral de 8 horas, donde tiene que estar frente a la computadora ingresando constantemente datos, ¿Es considerado una adicción? o ¿Una necesidad inherente a la que está respondiendo la sociedad?

El convertir eventos cotidianos  en asuntos de índole médica Blench (2003) lo denominó como medicalización, pero por qué enunciar esto como una adicción, ciertamente nos encontramos frente a una era tecnologizada donde los niños antes de saber caminar saben usar un “smartphone” , nos encontramos ante la “net generation”, ahora las empresas piden a sus solicitantes habilidades básicas en TIC y en las escuelas se empieza a integrar informática como parte de la currícula.

Esta medicalización de la conducta tal vez sea producto de la llamada brecha digital , donde los nativos digitales se encuentran muy por delante en el uso y solución de problemas apoyados en el uso de TIC a diferencia de los migrantes digitales, los cuales tienen que migrar del papel y lápiz al uso de documentos en línea.

 

Referencias

Blech, J. (2003): Prólogo, Curación sin fronteras y El cuento de la medicina en Los inventores de enfermedades, Barcelona, Destino¸2005, 11-56.

Consejo general de psicología en España(2008) Adicción a internet. Nueva propuesta para el DSM-V. Infocop. Recuperado en: http://www.infocop.es/view_article.asp?id=1960

Galindo, J. (1998) Cibercultura en la investigación. Intersubjetividad y producción de conocimientos.Universidad Veracruzana. Recuperado en:http://www.ugr.es/u-veracruzana/comunicaciones_archivos/a3-mx-Galindo%20UV-final.pdf

Gergen, K. (1991): Prefacio y El asedio del yo en El Yo saturado. (11-39) Barcelona, Paidós

(2013) Internet World Stats. Usage and population statistics. Recuperado de: http://www.internetworldstats.com/

El papel de los medios de comunicación como productora, reforzadora y diseminadora de discursos psicosociales

La comunicación en su aceptación más amplia el término se usa en el plano biológico, ecológico, etnológico, etológico y humano para indicar ese intercambio de mensajes que abarca desde los organismos unicelulares a los animales, a las máquinas y al hombre, cuyos modos comunicativos se estudian, según su forma, la función y el destino, por la psicología, la lingüística, la sociología, la teoría de la información y la cibernética (Galimberti, 2011). Las formas de comunicarnos no se reducen a la comunicación verbal o visual sino incluso a mensajes químicos y eléctricos, la comunicación entonces de definirá por el tipo de emisor, receptor y por tanto del mensaje.

Cada uno de nosotros estamos emitiendo diferentes tipos de mensajes a lo largo nuestras vidas, desde que nacemos hasta nuestra muerte,  por tanto (al estar en constante interacción con nuestro medio) estaremos expuestos a los mensajes de otros. El tipo de mensaje puede ser muy variado en forma y contenido, puede ser desde una palabra, frase o sonido hasta un gesto o posición de nuestro cuerpo, y como sabemos estos no son emitidos de forma aislada sino trabajan en conjunto con el contexto para poder tener una influencia en el receptor.

Cuando tenemos un simple plática de café mandamos una serie de mensajes al otro para que este se convenza de que nuestra postura política es la mejor o que es superior a la de él, argumentamos, escuchamos (si de verdad nos interesa tener un diálogo) y respondemos al mensaje del nuestro acompañante. Pero como sujetos que viven y fluyen en una sociedad no recibimos y emitimos un mensaje a la vez y en turnos, basta con revisar un día completo de nuestras vidas para comprobar esto. Desde que despertamos con la alarma personalizada con una canción de moda (que hace un par de semanas no odiábamos porque no interrumpía nuestro sueño), escuchamos la radio mientras nos bañamos, percibimos el olor de la comida y la saboreamos, platicamos en el desayuno con nuestra familia, al mismo tiempo revisamos nuestro correo electrónico, las actualizaciones de estado de amigos en Facebook, checamos el mensaje de buenas noches que no alcanzamos a leer, salimos de nuestra casa y nos topamos con algún vecino amigable con el que intercambiamos un “buenos días”, subimos al transporte público, escuchamos música de nuestro reproductor mientras de fondo suena alguna cumbia y alcanzamos a oír la plática de dos chicas en el asiento de enfrente e incluso alcanzamos a percibir el perfume de una de ellas. En el camino vemos espectaculares en casi todos los edificios, letreros afuera de cada negocio, letreros de transito, anuncios de productos en cada parada de microbús, estación del Metro o en prácticamente cada espacio que este expuesto a la vista de mucha gente, como el camión mismo en el que vas sentado o la pared de alguna casa. En varios semáforos nos encontramos con vendedores de periódicos y en ocasiones el vendedor gritando las noticias más relevantes. Por fin llegamos a la universidad, saludamos de beso, con un abrazo, de lejos, con un apretón de manos, con un gesto amable, ignoramos a otros o incluso no notamos su presencia, todo esto con algunos volantes en mano que fuimos recolectando a lo largo del viaje. A lo largo del día tenemos diferentes charlas sobre el estado actual del país, el clima, sobre lo que se hizo el fin de semana o lo que se hará el siguiente, también estaremos enviando mensajes de texto, haciendo llamadas y revisando las redes sociales a lo largo del día si es que se tiene algún dispositivo móvil con acceso a internet. De regreso a casa miramos la T.V. llena de comerciales sobre medicamentos, productos varios y de la programación del canal. Prendemos la computadora y platicamos con amigos lejanos o que incluso tiene un par de horas que los vimos, buscamos videos en internet que solo podemos ver si esperamos 6 segundos de comerciales y al mismo tiempo mantenemos una conversación.

En un día como este se estuvo expuesto a cientos de mensajes de diferentes formas y  contenidos, de emisores muy diferentes entre sí, en diversos contextos, cada uno con intenciones particulares. Pero muchos de estos mensajes son recibidos por medios de comunicación masiva, como lo son el periódico, revistas, televisión, radio, internet, libros o cine. La comunicación siempre tendrá un objetivo, “nos comunicamos para influir y para afectar intencionalmente” (Berlo, 1985) por lo tanto los mensajes que estos medios emiten también busca influir, aún cuando no se tiene un propósito claro. Incluso se puede llegar a influir en aspectos que no se esperaba.

La mayoría de estos medios se basan en mensajes audiovisuales y no podemos negar que ya forman parte importante de nuestra vida cotidiana, incluso podríamos decir que esta cultura audiovisual ya es nuestra vida cotidiana (Sabsay, 2009). Por lo tanto no podemos negar que sus mensajes tengan una fuerte influencia en el imaginario social, en la configuración de la moral y por tanto de nuestra forma de ejercer nuestra sexualidad.

Cada uno de estos medios de comunicación tiene sus propios criterios para decidir qué, cómo y cuándo se presentan sus contenidos, pero estos contenidos pueden discriminar, reprimir, glorificar, excluir o incluir, ayudando a crear nuevos imaginarios sociales. Lo que se ve y lo que no se ve, como se muestra y para que se muestra está reproduciendo irremediablemente una subjetividad que puede ser tomada de los consumidores pero también puede estar creando una nueva subjetividad, siguiendo a Sabsay (2009) pueden reproducir una jerarquía de identidades sociales y sexuales ya dadas pero también crear nuevas.

Es la sexualidad uno de los imaginarios más manoseados por los medios de comunicación y por tanto debemos poner especial atención por la importancia que tiene en nuestra vida cotidiana, ya que es a partir de ella que muchas sociedades como la nuestra se organiza desde las tareas domesticas hasta la distribución de bienes, pasando por el estilo de crianza y la forma en que se estructura una familia. La sexualidad no tenemos que ver un fenómeno estático y único según Weeks (1988):

Más bien debemos cobrar conciencia de que la sexualidad es algo que la sociedad produce de manera compleja. Es el resultado de distintas prácticas sociales que dan significado a las actividades humanas, de definiciones sociales y autodefiniciones, de luchas entre quienes tienen poder definir y reglamentar contra quienes se resisten. La sexualidad no es un hecho dado, es un producto de negociación, lucha y acción humanas.

Es decir, la forma en la que se piensa y se ejerce la sexualidad varía entre culturas porque está sujeta a procesos sociales complejos como puede ser  la economía, las revoluciones, movimientos sociales, etcétera. Además de que esta es producto de la lucha de poderes, lo que hace que la visión sobre la sexualidad sea impuesta por el grupo opresor. Y son los medios de comunicación una de las herramientas que se ocupa para manipular e imponer su ideología.

Los esquemas familiares se configuran y reconfiguran por factores económicos, reglas de herencia, intervenciones del Estado para reglamentar el matrimonio y el divorcio o para mantener a la familia mediante la asistencia social o políticas de impuestos (Weeks, 1988). Por lo tanto los esquemas que se llevan para la vida sexual son afectados y controlados por los intereses del Estado. Al controlar las formas de convivir, al controlar la forma en que se organiza una familia se puede controlar incluso las actividades de consumo.

Para poder marcar las pautas de consumo y de organización familiar se presentan diferentes discursos implícitos y explícitos en los contenidos que presentan los medios de comunicación. Dentro de estos medios podemos observar cómo hay un doble discurso en cuanto a cómo debemos ver a la sexualidad y la forma de ejercer la misma. Por un lado tenemos programas de televisión, comerciales y anuncios con cuerpos semidesnudos o en posiciones sugestivas y por el otro telenovelas, historias y comerciales en los que se castiga a las personas que se salen de las prácticas sexuales normativas.

En el primer discurso podemos observar que el saber popular de “el sexo vende” lo tienen bien aprendido los profesionales de la publicidad, es por eso que muchas campañas publicitarias contienen mujeres desnudas, slogans en doble sentido, es decir, sexualizan todo para su consumo. Lo que podemos rectificar al ver un comercial de desodorantes que promete potencializan la atracción sexual y espectaculares que anuncian relojes  con mujeres mostrando parte de su cuerpo desnudo. Este tipo de publicidad nos vende la idea de que su producto hará crecer nuestra atracción física y por ende nuestras probabilidades de tener relaciones sexuales, juega con la idea de darle seguridad a quién lo usa, tanta que se podrá dar oportunidad de elegir entre muchos prospectos. Los actores y modelos se presentan en contextos en lo que se puede llegar a tener relaciones sexuales con personas desconocidas dejando a un lado los vínculos afectivos, lo mismo pasa con la mayoría de los anuncios de condones, se le da mayor importancia al placer físico mientras que se le resta o se niega la existencia de emociones y sentimientos que no estén ligados a este tipo de placer. Los cuerpos que se muestran dan otro mensaje, comunican que tipo de cuerpo es el que se debe tener y como el producto te acerca a parecer un poco más al modelo o artista del anuncio.

El segundo discurso que noto es el que está en la mayoría de las telenovelas, la cual tiene una historia de amor en la que la protagonista es inocente, tierna y no tiene mucho conocimiento sobre sexualidad, ella solo tendrá relaciones sexuales si y solo si está enamorada, incluso este acto puede postergarse hasta después del matrimonio. Ya empiezan a aparecer historias en las que la mujer ya es más autosuficiente y es feliz con una vida austera pero aún así, su completa felicidad se obtiene cuando su vida se llena de lujos al conseguir una pareja con más dinero. Por otro lado la antagonista tiene una posición social más alta, no es tan inocente, es más astuta y su grado de maldad solo se puede comparar con el grado de promiscuidad. Al final de las historias la primera es recompensada por ser la victima mientras que la antagonista es castigada por llevar una vida sexual más activa y fuera del matrimonio incluso los hijos que pudiera estar a punto de nacer mueren o si ya han nacido pasan a manos de una familia estable y que de preferencia sea nuclear.

Tal parece que salirse de los guiones sociales sobre cómo llevar a cabo nuestra vida sexual nos llevará a ser castigados al final de nuestras vidas, ya sea por el sistema judicial o incluso una fuerza divina. Limita a ejercer actos sexuales solo dentro de un matrimonio heterosexual o solo si hay sentimientos de por medio.

Otro elemento que me parece importante resaltar es el de la comunidad gay dentro de estas historias. No hay telenovela en la que el protagonista tenga una orientación sexual diferente a la heterosexual, su aparición es secundaria y su papel es de “la loca”. Al reforzar este estereotipo solo afecta negativamente la imagen de esta comunidad al no mostrar los demás rostros de las personas con este tipo de orientación, es decir, limitan la visión de los consumidores a percibir a esta población como seres que no se enamoran, que viven solos, que solo pueden ejercer cierto tipo de oficios y trabajos.

Otro medio de comunicación que por su uso está influyendo en el imaginario social es el internet, con el llega un distribución de contenidos más amplia y a velocidades que no se habían alcanzado antes, por lo tanto la pornografía ha tenido una difusión más extensa. El contenido de la misma está muy estereotipada, prácticamente todos los videos tienen un mismo formato en el cual la mujer es vista como un objeto, la mayoría del tiempo que dura el video los actores están teniendo sexo coital, los cuerpos presentados no son los de una persona promedio y las tomas se enfocan en los genitales y en los gesto de ella.

Este tipo de películas ayudan al proceso de jerarquización erótica (Gubern, 2000) atribuyéndole más importancia solo a unas cuantas partes del cuerpo, excluyendo vínculos afectivos e incluso distorsionando la realidad. Esto último ayudado por la falta de información sobre el cuerpo humano y los tabúes alrededor de este tema.

La época actual está llena de tecnología que viene de la mano con nuevas formas de comunicación, que por lo general son más rápidas y con un alcance cada vez mayor. Los mensajes emitidos son en su mayoría audiovisuales y están presentes en nuestra vida cotidiana y por tanto en las formas en que nos relacionamos y convivimos. Pero el fenómeno de influencia intencionada no es nuevo, ya que apareció tan rápido como la comunicación. Quizá en muchas ocasiones nos basamos en ejemplos novedosos de publicidad para explicar esta influencia pero esta la podemos observar incluso en la aparición del comic, al poco tiempo de la invención de este medio apareció un superhéroe que sobrevive hasta nuestros días llamado Capitán América que tenía como objetivo principal potencializar el espíritu nacionalista de los estadounidenses. Esto se pude comprobar al revisar la portada de su primer comic publicada en marzo de 1941 (no es coincidencia que haya sido a pocos meses antes de que Estados Unidos entrara a la segunda guerra mundial), en el cual se puede observar al superhéroe golpeando a Hitler.

Los medios de comunicación siempre tendrán un propósito al presentar diferentes mensajes, estos nunca serán ajenos al momento sociohistórico y estarán fuertemente influenciados por los grupos de poder en turno. Por lo tanto la influencia de los medios modificará imaginarios sociales, generará opiniones, buscara resaltar u opacar figuras y discursos.

Pero no debemos creer que estamos indefensos ante los mensajes, porque si bien estamos somos influenciados por estos también es cierto que nos exponemos mas a mensajes que concuerden con nuestra ideología. En muchas ocasiones las personas pueden dejarse influir totalmente por no tener suficiente información sobre un tema y por no tomar en cuenta las diferencias que hay entre fantasía y realidad como ya hemos observado en el caso de James Eagan quién asesinó a varias personas en la premier de una película imitando al Joker (villano de cinta) o en los jóvenes que se crean expectativas sobre cómo deben ser sus relaciones sexuales basándose en videos pornográficos.

Entonces debemos salirnos de nuestro papel de víctima y tomar una postura más activa dentro de estos procesos de comunicación reflexionando las formas y contenidos de los mensajes a los que nos exponemos y tener claro para que los consumimos. Es decir, “leer entre líneas” para observar quienes están emitiendo el mensaje y el propósito del mismo. Y al tomar una postura más activa podremos revisar que tipo de discursos utilizamos y desde donde tomamos este.

Bibliografía

Berlo, D. (1985). El proceso de la comunicación, introducción a la teoría y a la práctica. México : El Ateneo .

Biagi, S. (2006 ). Impacto de los medios, introducción a los medios masivos de comunicación . México: Thomson .

Galimberti, U. (2011). Diccionario de Psicología. México: siglo xxi editores .

Gubern, R. (2000). Eros electrónico . Madrid : Taurus .

Sabsay, L. (2009). Las normas del deseo, imaginario sexual y comunicación. Madrid : Cátedra .

Weeks, J. (1988). Sexualidad. México: Paidos .

Enfermar como negocio

La Medicina sin lugar a dudas ha tenido un papel importante en la historia de la humanidad, se ha ganado su lugar gracias a que interviene en momentos clave, una epidemia o desastre natural. Gracias a sus intervenciones e invenciones como la penicilina se han salvado millones de personas. La principal preocupación de los médicos es mantener a sus pacientes con el mejor estado de salud posible y preservar la vida, pero ¿Qué pasa si sus pacientes no están, ni se consideran enfermos y por lo tanto asisten poco a consulta? Es cuando diversas empresas entran en escena para ayudar a nuestros médicos.

A esta disciplina le debemos mucho, el reconocimiento que tiene un médico dentro de la sociedad es muy grande, por lo que los juicios, opiniones y diagnósticos dados por este grupo son en general poco cuestionados y, las compañías farmacéuticas lo saben muy bien. Entonces, ¿Por qué  cuestionar a un profesional y la efectividad del medicamento que anuncia en un comercial, si seguramente ha sido entrenado por más de 5 años en hacer bien su trabajo?

Esta estrategia la podemos observar con facilidad al encender nuestro televisor en hora estelar, donde podemos encontrarnos con Lolita Ayala y su Información que cura y sus Consecuencias de la desidia, donde no nos dice marcas pero nos da “santo y seña” de los agentes químicos que se encargan de acabar con los síntomas de alguna enfermedad, para de manera inmediata casi milagrosa presentar el medicamento que casualmente  contiene los mismos agentes mencionados en el comercial anterior, corte tras corte se nos presentan medicamentos para lo que parecen ser enfermedades, ya que si bien no se niega la existencia de estas, habría que preguntarnos cuándo estamos frente a uno y cuándo no, y esto lo podemos observar en el desfile televisivo donde vemos pasar desde las cremas antienvejecimiento hasta los ya clásicos producto milagro para bajar de peso. Por lo que pareciera que ya no se permite envejecer, sentirse cansado, subir de peso, estar distraído o sentir cualquier otro tipo de malestar, los cuales si lo pensamos un poco, en más de una ocasión solo hace referencia al desgate natural del cuerpo por la edad o por una jornada larga de trabajo, “la medicina moderna hace creer a las personas que la naturaleza los golpea constantemente con nuevas enfermedades que solo pueden ser curadas por médicos” (Blech, 2003)

Si se logra convencer a las personas que tienen una enfermedad estas entraran en pánico buscando una cura, la cual deba ser de fácil acceso y con resultados inmediatos, se busca una píldora milagrosa o que el médico mueva su bisturí cual barita mágica y que el mal desaparezca. La ansiedad por no morir o envejecer es tanta que el precio no parece ser un problema, nadie quiere tener cicatrices, ser feo, gordo o ser víctima de alguna adicción. Una vez que nos hemos creído que alguna actividad como fumar es malo para la salud pocos se atreven a mantener control en su consumo, en su lugar se buscan parches, chicles o cualquier otro método que requiera poco esfuerzo pero con soluciones inmediatas.

Si bien, estamos siendo “atacados” por este sistema, los clientes del mismo también son responsables de que siga funcionando. Al no cuestionar la funcionalidad del producto ofrecido, al no preguntar si de verdad necesitamos esos medicamentos estaremos ayudando a que la salud sea un producto. Esto nos puede llevar fácilmente a una paranoia y creer que todo lo que nos dice un médico es mentira, pero para evitar esto podemos observar el producto que nos ofrecen las campañas publicitarias e imaginarnos los posibles escenarios al no usarlos, al hacerlo nos daremos cuenta fácilmente que si aún para nosotros es un problema tener kilos de más, por ejemplo, la única solución no es tomar un cóctel de medicamentos.

Este mismo sistema es utilizado por diversas profesiones, a veces en conjunto con los médicos, como es el caso de los psicólogos.

¿Por qué es una enfermedad estar triste, tener baja autoestima, ser introvertido, estar cansado, no tener motivación para hacer una tarea, ser una persona muy activa, ser excitados al ver zapatillas o tener miedo a las serpientes? Pues muchos psicólogos se han dado a la tarea de convencer de que estas conductas y gustos ser vistos casi como sinónimos de pecados. Curiosamente los únicos capaces de alejar estos males de nuestra psique son ellos y sus tratamientos. Utilizando el Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (en inglés Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders, DSM) como fuente de etiquetas se hacen foros de discusión en radio, televisión o internet sobre cómo detectar los síntomas de “X” trastorno de personalidad, sin olvidar las publicaciones de libros, artículos en revistas y periódicos sobre “como averiguar si tu hijo es… (Agregar la tribu urbana de moda) y cómo solucionarlo”.

Habrá que voltear al pasado para observar que ya se han inventado trastornos y enfermedades con el objetivo de mantener bajo control y explotar a un sector de la población o a toda ella. Cada momento histórico viene acompañado por enfermedades verdaderas y ficticias, ambas usadas para lucrar. Hoy estas enfermedades se multiplican a velocidades que no se habían vivido antes por lo que tenemos que mantenernos en alerta constante y no dejarnos convencer por este discurso, tarea que no será fácil porque nosotros mismos reforzamos esta forma de pensar pero seguramente lo lograremos si buscamos ser analíticos y no creernos ni nuestro pensamiento.

Bibliografía

Blech, J. (2003). Prólogo, Curación sin fronteras y El cuento de la medicina. En Los inventores de enfermedades. (2005). Barcelona, Destino.

El amor en tiempos del posmodernismo

Las personas nos relacionamos con fines productivos, como en el trabajo, para hacer tareas en la escuela o incluso para echar la cascara en la cuadra, esa comunicación para poder realizar un objetivo. Por la constante relación con ciertas personas es que pueden surgir lazos afectivos, como la amistad, la confianza y algo conocido como amor.

Es impresionante como a lo largo de la historia de la humanidad se fueron desarrollando estos lazos afectivos, Hipócrates diría que la base de las relaciones son los temperamentos, siendo sanguíneos con buen humor para establecer relaciones, melancólicos teniendo una tristeza que transmite por su comportamiento, coléricos donde el impulso mueve al individuo o flemáticos quienes su apatía hace que las relaciones sean difíciles de acercarse; estos temperamentos forjan el tipo de personalidad de los individuos; la personalidad es esa “máscara” que mostramos para facilitar las relaciones, eso que queremos mostrar para acercarnos.  Si partimos de Hipócrates, estamos hablando de que el estado de los individuos permite la relación, así la afectividad entonces se vuelve la herramienta de la relación.

Le bon (2004) hablaría del sentimiento que vuelve inconsciente a la masa, provocando que la gente haga cosas que nunca por sí misma haría. Haciendo de la afectividad eso que los une, ese estado que los envuelve, que permite hacer más de lo alcanzable, “eso” son los sentimientos, eso que nos mueve y que solo podemos sentir por estar con otra persona.

Es importante como la palabra “afectividad” suena muy extraña para la gente, les suena más “sentimientos” o “eso” que sienten, entonces los temperamentos serían “eso”, el estado en el que se encuentra el cuerpo, o como lo dijo Pablo Fernández “sentir es el verbo que se emplea para informar que hubo una sacudida de la realidad, la aparición de lo que no se sabe” (Fernández, 2000), los sentimientos se crean por el choque de lo inevitable.

Una vida se buscaba a la persona que puede ser quien provoque esas nauseas sentimentales, después de tanto sufrir, por tiempo y más tiempo, llegaba el momento anhelado ese clímax pasional del encuentro de dos personas, en las que la unión los llevaba al encuentro de sus almas; Descartes pensaría en miles de corrientes animales recorriendo el cuerpo ordenadas por esa ánima que lo controlaba.

Antes a ese encuentro se le llamaba “Hacer el Amor”, porque realmente tenía su chiste hacerlo, te llevaba tiempo, esfuerzo, noches en vela, lagrimas, sangre, peleas e incluso una que otra amistad; era realmente una relación basada en la pasión. Para saber qué es pasión, Pablo Fernández describe “son sentimientos románticos y no son cómodas ni espectaculares, porque pasarse la vida tras una idea fija, requiere disciplina, voluntad y malos ratos…” “a los verdaderos apasionados lo único que se les nota es la monotonía, duro y dale con lo mismo una y otra vez” (Fernández, 2009).

El resultado de la pasión era formar esa tan anhelada familia, pero no cualquier familia, tenía que ser la típica y normal familia que tenía: un papá, una mamá, un niño como primogénito y una niña. Los hijos hermosos que reflejan el vínculo afectivo de la familia empezaron a ser un problema a mediados del siglo pasado, lo chistoso fue que  nos llenamos de familias, ya para el nuevo siglo,  México se llenó de familias numerosas, atravesando la crisis que hizo que  los gastos fueran sólo por lo necesario y algunos otros momentos donde se pasó hambres;  generó un terror por las familias grandes, así esa expresión de amor quedo limitada por las numerosas cuentas que se habrían de pagar en el futuro.

Con esta sobre población, ya sea por tanto amor o porque no había tele, como coloquialmente se dice, empezaron los programas del IMSS de planificación familiar, se dio educación sexual, empezaron a tener su propio auge los métodos anticonceptivos, el más popular por más económico y por ser más accesible fue el condón, que en sí es un preservativo, el cual tiene como función preservar la vida, es una funda de plástico que no permite el contacto de fluidos ni de otros organismos.

El objetivo era bajar los niveles de natalidad y mejorar las condiciones de salud,  pero al eliminar o minimizar las preocupaciones por un posible embarazo no deseado o por la adquisición de una enfermedad, aumentó el número de relaciones sexuales de las personas, lo cual no sucedió con los lazos afectivos, al contrario, ya que lo que era todo un proceso para llegar a una relación sexual se minimizó, es decir, el ritual de cortejo se vio reducido a un par de preguntas ¿Cómo te llamas? Y ¿Quieres ir a mi casa, no hay nadie? , por lo que hacer el amor conllevaba un compromiso, con el cual se podía crear ese vínculo, con la llegada del condón, hacer el amor paso a simplemente tener sexo, una aventura, un free y ser novios o esposos paso a ser amigos con derechos o amigovios, y esto debido a que no hay consecuencias, entonces esto se  convirtió en una creación de redes, cualquiera podía relacionarse con quién quisiera, hasta parece la globalización del sexo.

El amor como se dijo, es la síntesis de un mar de sentimientos, los cuales pueden ser estados de la persona ciclotímica, un día es la alegría completa y al otro es una depresión crónica. Dado que estos cambios de ánimo tan repentinos no le permiten, a ninguna persona, ser como cualquier otra, entonces no estamos siendo funcionales,  y si no somos funcionales, como lo dice el DSM-IV, es una enfermedad, la cual define como un trastorno crónico fluctuante con muchos períodos de hipomanía y depresión.

Si el amor es una enfermedad que solo se curaba con la presencia de la otra persona, ahora ya existen talleres donde te enseñan a coquetear, seminarios de cómo tener control de sus sentimientos, tal vez no falte mucho en haber un medicamento para el mal de amor, ya existe el remedio para enamorar, aunque después de un tiempo les preocupó mucho los efectos secundarios del toloache. Es probable que así como la sífilis, gonorrea o el VIH, no pueda pasar atreves del condón.

Ahora esto se vuelve posmodernamente romántico, eso de tardarse ya paso, ahora es llegar acostarse y por la mañana irse antes de que la otra persona te despierte con un beso, ahora es llegar al acto sin disfrutar el proceso, entonces ya no es una pasión si no un capricho, es un chasquido, un estornudo o una grosería; solo pasa y en eso se queda. Ahora somos cínicos, “sabemos el valor de todo y el valor de nada” (Weitz, 1972), entonces ya no importa tanto lo de en medio.

Una hipótesis sería que ya nadie quiere sufrir, eso de desvelarse y ver a las personas ya es muy aburrido, uno va al café, conoce a una persona y al final del día la relación termino. Entonces empezamos a utilizar otro tipo de condones, también muy tecnológicos, que ahora se pueden llamar facebook, celular o aunque ya pasado de moda, Messenger, cada uno puede poner solamente un parte de sí mismo, no es necesario ser uno por completo (Gergen, 1991),  el chiste es ya no tener contacto y si uno se divide o fragmenta es más fácil  protegerse y que ningún germen pase, llámese Sífilis o amor.  Entonces las cartas, las poesías o las serenatas, se vuelven like’s, comentarios a las 2:00 a.m. y si da tiempo compartir una imagen medio irónica, así como si estuvieran sufriendo, la confianza se traduce en cuántas contraseñas se comparten, o si se hace. Cuando se logra pasar la prueba de fuego y la relación ha sobrevivido una semana, su existencia comienza a ser dada por su publicación en Facebook, el interés que se tiene por los mensajes vistos y contestados, por likes o por los mensajes en whats app.

Ya nadie puede “ser” enamorado, o “estar” enamorado, así como no se puede dejar pasar la oportunidad de tener relaciones sexuales, en la versión tecnológica, no podemos estar en paz, tenemos que platicar horas y horas, pero no en persona si no por chat,  o ver si dejo un comentario o a ver si le puso like, ya no hay esa espera para ver qué pasa, más allá de la que se tiene por la respuesta electrónica, el tiempo comienza a tener mayor importancia, todo lo queremos de manera inmediata, idea alimentada por nuestro pensamiento mágico, ya que no sólo  no nos damos cuenta de cuándo pasa, sino porque no pensamos en lo que hay en medio de esa respuesta, porque lo que importa es el producto más no el proceso (Eco,2002) , no hay esa duda que enloquece y permanece, como si ese sentimiento te inundara o incluso te ahogara, ahora se espera un abracadacra que se busca actualizando la página cada tres minutos.

Y como pretendemos que esto sea un diálogo y no un monólogo, la conclusión la pones tú… Esperamos tu participación a través de los comentarios.

Artículo complementario:

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Referencias:

Eco, U. (2002). Ciencia, tecnología y magia y La pérdida de privacidad. En A paso de cangrejo. México. Debate.

Fernández, P. (2000). La afectividad colectiva. D.F.: Taurus.

Fernández, P. (2009). La Forma de los Miércoles: como disfrutar lo inadvertido. D.F.: Editoras los miércoles.

Gergen, K. (1991). Prefacio y el asedio del yo. En El yo saturado. Barcelona. Paidós. Contextos.

Le Bon, G. (2004) Psicología de las masas. Estudio sobre la psicología de las multitudes. Buenos Aires.

Weitz, J. (1972). El valor de nada. Barcelona: Grijalbo.

¿Qué es la tecnología?

La tecnología comúnmente tiende a vincularse exclusivamente con las computadoras, la robótica, el último modelo de celular que salió a la venta, e incluso tiende a confundirse con lo que hace la ciencia, adjudicando a una los logros de la otra.

Si nosotros nos tomamos la molestia de revisar ¿Qué dice el DICCIONARIO DE LA REAL ACADEMIA DE LA LENGUA ESPAÑOLA, acerca de la tecnología?, podremos ver que la define como el Conjunto de teorías y de técnicas que permiten el aprovechamiento práctico del conocimiento científico, mientras que si buscamos ¿Qué es ciencia? podremos leer que dice Conjunto de conocimientos obtenidos mediante la observación y el razonamiento, sistemáticamente estructurados y de los que se deducen principios y leyes generales. Entonces hagamos un pequeño ejercicio, si hablamos de la rueda, tecnología, si hablamos de fotosíntesis, ciencia, si hablamos de una encuesta en un blog…

Quizá así la diferencia se hace más evidente, y nos permite deducir que la ropa que traes, los zapatos, el celular (no importa que se un “tabique”), la pastilla anticonceptiva o el condón que utilizaste anoche, el maquillaje, incluso el papel que utilizas todos los días, tanto el de los cuadernos como el del baño, son productos tecnológicos, son artículos que facilitan tus actividades día con día, que te permiten reducir tiempo, dinero y esfuerzo, (sino estas seguro piensa en lo que te costo el condón, ahora piensa en lo que te costará mantener un niño hasta que llegue a tu edad o en lo que te costará pagarte una mejor calidad de vida debido a una ETS).

Algo que tampoco es innegable es el hecho de que el hombre quiere todo de la tecnología, y cuando algo sale mal o es demasiado bueno, es la misma tecnología la que tiene la culpa o la octava maravilla, según sea el caso, es natural escuchar que nos quita, nos da, nos idiotiza, nos cura, nos aleja, nos acerca, pero no reparamos en el hecho de que somos nosotros quienes hacemos uso de ella, de que la tecnología es un conjunto de herramientas, de técnicas, no de entes que tienen vida y movimiento por sí solos. La bomba que explotó en Hiroshima no lo hizo sola, fue dirigida y detonada por una persona, por lo que si se utiliza youtube para ver “caídas chistosas” o para ver una conferencia que se llevó a cabo, a la cual no pudimos asistir, no es cosa de  Youtube, sino de quien teclea en el buscador.

Por ejemplo, si escuchamos a una madre preocupada por el acoso que su hija a estado viviendo en los últimos meses, a través de su cuenta de correo electrónico, en el periódico leemos acerca del aumento en la tasa de ciberdelitos, como fraude, acoso, pornografía (por ejemplo en el caso de quienes son expuestos en la red sin su consentimiento), ¿Estaríamos de acuerdo que se debe a la tecnología?

Pensamiento mágico

La idea de Umberto Eco es bastante atinada cuando dice que estamos en una época hipnotizada por la velocidad, ya que al parecer es algo innegable, basta con  echar un vistazo a nuestro alrededor e incluso a la propia rutina para percatarnos de que aún sin la presión del tiempo, por llegar a algún lugar o terminar de hacer algo, estamos continuamente contando cada segundo. Y es esta forma de vivir la que nos hace exigir inmediatez y olvidarnos de lo que hay detrás, o mejor dicho en medio, es decir, el proceso que subyace es invisibilizado por la inmediatez de los resultados, lo que nos lleva a desinteresarnos por cómo es que llegó a nuestras manos información sobre la canción que acaba de tocar cierto grupo al otro lado del mundo, concentrándonos de manera exclusiva en el hecho de que no llegó en tiempo real porque la conexión Wi Fi no está funcionando de manera adecuada, siendo que hace algunos años atrás una cosa así era considerada pura ficción. Es entonces cuando creemos que todo ocurre por arte de magia, perdiendo de vista el trasfondo, el proceso que ello requirió.

Esto aunado a nuestra tendencia por ver como algo mágico y misterioso aquello que no entendemos, incluso a aquello que ya tiene una explicación científica, la cual no conocemos o no recordamos. Entonces podemos hablar de eventos que parecen no tener una causa alguna, que a nuestros ojos aparecen y desaparecen, esto debido a que pasan de golpe de una causa a un efecto, y es por eso que empezamos a creer en la eficacia de los “menjurjes” anunciados a la esquina de los tianguis y los mercados, “si usted tiene callos, dolor en las piernas, en las articulaciones, de cabeza, de estómago, de garganta, se le esta cayendo el cabello, tiene arrugas, sufre de diabetes, de bipolaridad, no escucha bien, tiene uña amarilla, moretones, mal de amores, acérquese, tenemos la solución a sus problemas, pomada de uñas de venado, hunteselo dos veces al día y verá los resultados”; estamos acostumbrados a que los eventos sean tan rápidos que ir de un continente a otro en avión o por internet no supone ningún problema. Es más si prendemos la televisión nos parece horrible y perturbador el escenario que nos plantea una nueva serie de televisión, donde no hay luz, no hay aviones, no hay teléfono, donde no tenemos ni la menor idea de sobrevivir porque no conocemos los procesos que hay detrás de lo que necesitamos, donde todo nos aterroriza porque no sabemos cómo es que llegó ahí, porque no sabemos cómo funciona, cuál es su origen. Y a propósito de esto, es algo que ocurre frecuentemente con el origen del universo, del cual nos habla Stephen Hawking, quien nos ilustra al respecto pero que aun así, seguimos viéndolo como algo mágico e inexplicable, seguimos negándonos a creer en lo que ya está demostrado que es.

Parece ser que es difícil que salgamos o dejemos a un lado el pensamiento mágico, porque nos hemos viciado de él. No son tan diferentes las visitas al médico o al psicólogo a las del brujo del pueblo, porque en ambas se les obedece por fé, incluso ambos pueden llegar a curar sin necesidad de utilizar un remedio realmente eficaz y solo dar un placebo. Hoy quizá estemos convirtiendo a la ciencia en fé, por la velocidad a la que vivimos, provocando que no nos tomemos el tiempo en averiguar cuál es el proceso entre tomarnos una pastilla y que se nos quite la gripe.

Otro ejemplo acerca del pensamiento no científico, puede ser el de aquellas personas quienes creen en la teoría de la relatividad, pero también siguen asistiendo a una iglesia, llevándonos a pensar que muy pocas personas piensan o científica o mágicamente de manera completa, es decir, que la gran mayoría se encuentra en el centro. Esto no quiere decir que una sea verdadera y otra falsa, ya que por el momento ese no es el tema, sino que sin importar cuál elegimos, en ninguna nos detenemos a investigar las explicaciones que nos da acerca del origen del universo, y si lo hacemos nos daremos cuenta de que son teorías que están inacabadas y creerles ciegamente nos hace caer en el mismo error, quizá la respuesta está en no dejar de pensar y seguir investigando como lo dice Steven Hawking para encontrar una respuesta entendible para todos. Entonces el camino está en preguntarnos acerca de ello, investigar, reflexionarlo, criticarlo, y no solo aceptarlo sin chistar.

ECO

Texto recomendado: Eco, U. (2002). Ciencia, tecnología y magia. En A paso de cangrejo. (2007). México, Debate.