Verdú, V. (2003): La imagen, en El estilo del mundo, Barcelona, Anagrama, 113-155.

LA VIDA EN LAS PANTALLAS POR VICENTE VERDÚ

 Verdú nos dice “todos mienten y sabemos que mienten”, es una declaración que de verdad impacta por su crudeza. Parece ser que estamos en un momento en el que todos fingen, actúan, hacen “como si”, se miente para convivir, el riesgo está en que estamos perdiendo la división entro la verdad y la mentira, entre la realidad y la ficción.

Resulta entonces que eventos como el 11 de septiembre son planeados para que puedan ser vídeo grabados y convertidos en un verdadero drama por parte de periodistas. Historias reales se convierte en ficción y viceversa. Los medios de comunicación pueden llegar a maquillar cada evento que sucede y hacernos sentir cercanos o ajenos a las imágenes por la forma, momento y contenido de la noticia. A este problema se le suma la credulidad por parte del espectador, quién legitima cada noticia presentada  y entonces tenemos todo el show completo. La vida resultara así “un cuento contado por un idiota… y que no significa nada”.

Los medios de comunicación se convierten en jueces de lo que es real o no, aparecer en algún medio de comunicación, ser exhibido se convierte en sinónimo de existir, de ser real. Entonces los sujetos “comunes” luchan por salir en televisión y que su existencia se legitimada, alejarse del anonimato y ser visibles. Podríamos ser capaces de contar detalles absurdos sobre nuestra vida íntima para ser observados en cadena nacional aunque lo que digamos no sea trascendente o si quiera verdad.

Se busca que la vida se parezca más a un foro de televisión o al cine y hacemos de las bodas, cumpleaños o hasta una simple salida al cine todo un espectáculo lleno de luces y cámaras. Cualquier foto en Facebook puede comprobar esto, muchas de estas fotografías son de personas que se reunieron para una fiesta, comida o un recorrido al museo pero la fotografía tiene filtros, luces y retoque para borrar “imperfecciones”. Nada puede verse mal, tal y como en una película.

Marcas de amor

Verdú nos hace ver como las marcas nos están atropellando. Las podemos encontrar en prácticamente cualquier cosa, desde objetos hasta la misma naturaleza con sus fragancias y colores. Las empresas utilizan imágenes y colores que en realidad no pertenecen a nadie y los asocian con su marca para apropiarse de estos elementos y que cuando los vemos por separado sean un referente del producto que están vendiendo.

Esta técnica les ha funcionado muy bien, tanto que llega un momento en que  ya no decimos que usamos un pañuelo de papel sino, un Kleenex. La marca termina por sustituir al objeto.

A esto se suman los slogans ocupados para promocionar los productos, los cuales incitan a relacionar a la marca con creencias, actitudes, estilos de vida y hasta con un estatus social. Lo importante no es ya tanto la mercancía como la idea que incorpora.

Las compañías buscan tendencias, modas y las hacen suyas, en el capitalismo de ficción la atención se centra en el cliente para exprimir su dinero y que se siente satisfecho de ello.

Museos exultantes

Los museos se han tenido que enfrentar a la velocidad con la que estamos viviendo, además de todas las nuevas formas de entretenimiento y las espectaculares formas de presentar a estas. Los museos no se podían salvar del consumismo y para no desaparecer se han ido convirtiendo en un producto más.

La estrategia que ocupan se parece mucho a la de Disney, haciendo un espectáculo de cada obra presentada. Se están acercando a ser un parque de diversiones y por lo tanta dejando a un lado su función como medio de difusión de la cultura. Para Verdú el museo no es ya la realidad que era, sino una nueva producción. No es la memoria del pasado sino un presente divertido, no es educación sino distracción, no sobrevive gracias a la cultura profunda sino a la cultura pop o e negocio a secas.

Aunado a esto se encuentra la venta de arte, cobrar un comisión por la venta de los objetos expuestos se ha vuelo una práctica común.

Creacion o producción

Y si los museos dieron su brazo a torce ¿Por qué no lo harían los artistas? Ellos también fueron devorados por el capitalismo de consumo y ha dejado de ser “los inspirados”, los originales, los tocados por dios para pasar a ser una caricatura de lo que eran.

Si todos mienten y hacen como que creen todo lo que se dice, muchos artistas y creativos han dejado de producir ideas originales a cambio de dinero y fama. Ya no intentan hacer que sus obras sean llamadas de arte sino espectaculares, sensacionales o entretenidas. Para ello cualquiera que quiera crear un nuevo producto hace muchas preguntas a sus clientes (estudios de mercado), averiguan que es lo que gusta y a partir de las respuestas crear algo que impacte pero que sobretodo que  venda. Los artistas se convierten en artistas y los artistas en hombres de negocios.

Para esto se necesita todo un equipo de trabajo, lo que hace que el nuevo producto no se resultado del trabajo de una sola persona, dando como resultado que se desplace “al artista” y el equipo se llene de profesionales que saben cazar las tendencias. Como producto resultan libros, guiones de películas, programas de televisión que son del gusto de una gran cantidad de gente para que el producto sea vendido lo más rápido posible.

Aún hay excepciones, hay artistas geniales y “extraños”, pero lo que importa en caso de pretenderse distinto, es traducirse en suceso mediático, de nuevo convertirse en un espectáculo. De no lograrlo se ven derrotados y humillados.

Moda o ideología

Para lograr atraer la atención los artistas también han recurrido a la estética de lo feo. Presentando obras que produzcan repulsión y desagrado, de tal forma que las personas no pueden dejan de mirar. Se crea todo un suceso y se produce toda una moda. Desde la ropa hasta la misma ciencia, una vez más con el objetivo de hacer más atractivo al producto y facilitar la venta

Para Verdú los diseñadores de moda patrocinan incluso estilos de vida. Tal y como ocurre con las marcas, la utilidad de los objetos pasa a segundo plano, lo importante resulta ser el espectáculo que nos puedan dar, las sensaciones y el impacto generado en nosotros. Y los diseñadores aprendieron esto muy bien.

CHARLES VAN DOREN

Hijo de un poeta, fue conocido hace muchos años por un fraude realizado en un programa de concursos en el cual gano mucho dinero a costa de hacer trampa, pero hoy en día es conocido por sus dos libros, breve historia del saber y breve historia del leer, en el primero se trabaja con una perspectiva acerca de cómo la humanidad ha obtenido el conocimiento que tiene.

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GILLES LIPOVETSKY

Filosofo francés, su mayor obra, “la era del vacío”, trata temáticas como lo frívolo y lo efímero, ya que según su punto de vista los filósofos deben de concentrarse en la realidad y esta se encuentra en estos dos puntos, pero no solo ha trabajado con estos puntos, sino también con la moda y otros temas por demás interesantes.

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PIERRE BOURDIEU

Nacido en Paris, es un sociólogo muy conocido, ha sido profesor, director de revista y fundador de una editorial, el 1989 obtuvo el nombramiento honoris causa por la universidad de Berlín. En sus primeros trabajos se nota claramente una tendencia hacia la sociología de la educación, para posteriormente hacer trabajos de crítica a la cultura o al sufrimiento.

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ROMAN GUBERN

Autor de la obra Mensajes icónicos en la cultura de masas en 1974, sentó las bases de la comunicología en la lengua española. Él nació en 1934, en Barcelona, crítico y guionista cinematográfico. Actualmente es director del Instituto Cervantes en la ciudad de Roma, y catedrático en la Universidad Autónoma de Barcelona.

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